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Opinion Aylan y el pensionista, imágenes evitables

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Es triste que una vez más haya sido una imagen insoportable y que simboliza, como ninguna hasta ahora, el fracaso de Europa, la que nos ha despertado de ese letargo con el que a menudo afrontamos nuestro día a día y la que nos ha obligado a reaccionar, ya veremos si únicamente de forma temporal y hasta mediática. Me refiero a la fotografía de Aylan Kurdi, el niño de tres años que se ahogó cuando intentaba llegar con su familia, desde Turquía, a la isla griega de Kós y que hemos visto boca abajo en la orilla de una playa, con la cabecita ladeada sobre la arena como cuando los pequeños están cansados y buscan dormir. Una instantánea que representa como ninguna la situación a la que se enfrentan desde hace tiempo millones de adultos y de niños y niñas sirios y de otros países que se agolpan en puertos y fronteras, escondidos en los ejes de los camiones o en cámaras frigoríficas, en balsas y trenes sobrecargados, huyendo del sufrimiento.

Otra imagen, esta vez el anuncio de un pensionista de 68 años que ofrece 5.000 euros a la empresa que contrate a su hijo en paro, publicado en el Heraldo de Aragón entre clasificados de préstamos, servicios de reparación y citas a ciegas, evidencia las dificultades de buena parte de los 4.067.955 desempleados registrados en España este agosto. El jubilado en cuestión no puede soportar el sufrimiento de su hijo, casado de 39 años y con un pequeño de cinco años, que lleva encadenando contratos temporales desde que hizo la selectividad y que hace un año fue despedido de su último trabajo, en el departamento de mantenimiento de una química y desde entonces, busca otro puesto sin descanso. Su llamada desesperada ha tenido respuesta, entre ellas, la de un hostelero de Huesca que le comentó que su empresa no pasaba por el mejor momento pero que, si su hijo quería, tenía un puesto de camarero en su negocio.

Menos mal que la solidaridad ciudadana siempre es la primera que responde. Lástima que no hayamos podido evitar esas imágenes. Esperemos que aunque sea tarde, la reacción llegue.

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