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11 de septiembre. Veinte años después

El periodista Rashid señaló hace veinte años que el éxito de los talibanes se encontró en estar en el momento propicio: la desintegración del régimen comunista, el descrédito de los muyahi-dines (divididos y corruptos) y la desaparición de la estructura tribal tradicional

MARTÍN GARRIDO MELERO

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MARTÍN GARRIDO MELERO

MARTÍN GARRIDO MELERO

En los dos artículos anteriores intentamos introducir al lector en un territorio tan complicado como Afganistán. Les propuse una ruta aérea. Sigamos.

5 Irán. Vuelo de Herat a Kabul.

Babur, el primero de los mogoles, escribió en sus memorias que en todo el mundo habitable no hay una ciudad como ella.

En mayo de este año volvieron a España los últimos 24 soldados destinados en Afganistán. El grueso de las tropas salió del país en octubre del 2015. España asumió el mando de la base internacional de Herat y se encargó del equipo de reconstrucción de Qala-i-Naw. La operación costó la vida a cien soldados, dos policías y dos traductores. La misión en Afganistán duró diecinueve años.

Después de la retirada de los rusos de Afganistán Herat, que fue brutalmente bombardeada, quedó bajo uno de los «señores de la guerra» (Ismael Khan) hasta que ante la presión de los talibanes abandonó la ciudad en 1995 y huyó con parte de sus hombres a Irán. Persia es otro de los interlocutores a los que hay que tener en cuenta en este «Gran Juego». Los talibanes cerraron todas las escuelas de la ciudad y no dejaron que las niñas estudiaran en casa (en 1993 había más de 45.000 alumnos, la mitad mujeres).

Hace apenas unos días las noticias indican que los talibanes han tomado Qala-i-Naw. Algunas fuerzas locales se han pasado a los insurgentes. Parisi-la Herawai, que vive en la ciudad, ha dicho: «como mujeres estamos muy preocupadas porque si los talibanes se quedan en la ciudad no podremos trabajar y perderemos todos los progresos en materia de derechos de las mujeres de los últimos veinte años».

Tengo una fotografía tomada en el denominado aeropuerto internacional de Herat. Hay un solo avión (el de Kabul), delante marcha una mujer que se adivina muy guapa con un niño, no hay nadie más. Me recordó a Gowhar Shad, cuya tumba acababa de visitar el día anterior, una mujer extraordinaria que vivió en el siglo XV y construyó algunos de los edificios más bellos del mundo. Esperemos que respeten su tumba y con ella su espíritu liberal, cuya inscripción dice simplemente la Bilkis del Tiempo (la reina de Saba).

6 Turquía. Vuelo de Kabul a Mazar.

En Kabul vi un cartel electoral del uzbeco Dostum. Hace veinte años había leído sobre él.

Hace también veinte años Ahmed Rashid escribió dos libros fundamentales: El Islám, el petróleo y el nuevo Gran Juego en Asia Central (Londres, 2000) y Yihad. El auge del islamismo en Asia Central (Universidad de Yale, 2002, traducido inmediatamente al español). Entrevistó a Dostum a finales del siglo pasado y escribió de él que era «un traidor y oportunista político», capaz de aliarse con cualquiera por mantenerse en el poder (lo estuvo dos veces con los talibanes, a los que por otra parte odiaba) y con la extraordinaria virtud de estar a sueldo de dos enemigos irreconciliables (Irán y Pakistán). No parece que haya cambiado: vicepresidente de Afganistán desde 2014 hasta hace poco, tuvo que exiliarse en Estambul para evitar una acusación de intento de asesinato de un rival suyo. A su vuelta a Kabul, nada más bajar del avión sufrió un atentado en el mismo aeropuerto, y luego, cerca de Mazar un segundo.

Me enseñaron Mazar y los extraordinarios alrededores dos hermanos hazaras. Los hazara son chiítas y sufrieron la represión de Mazar y también la de Kabul y Bamiyán. Los talibanes los odian a muerte. En la toma de Mazar los talibanes entraron en el consulado iraní, que suministraba armas a los hazara, y mataron a once diplomáticos miembros de los servicios secretos y a un periodista. Curiosamente, el jefe del grupo fue denunciado por su esposa por llevarse como concubinas a dos mujeres hazaras y acabó encarcelado. Irán estuvo a punto de entrar directamente en guerra.

Hace unos días han cerrado las legaciones diplomáticas en Mazar-e-Sharif de Rusia, Turquía e Irán. Me acuerdo de los hermanos hazaras y me pregunto qué será de ellos. Turquía es otro interlocutor necesario.

7 Arabia Saudita y Paquistán. Vuelo de Mazar a Estambul.

Es hora de concluir, pero cuando ni los más expertos analistas políticos han encontrado una solución (y una explicación) a tanto caos, sería una temeridad concluir algo.

El periodista Rashid señaló hace veinte años que el éxito de los talibanes se encontró en estar en el momento propicio: la desintegración del régimen comunista, el descrédito de los muyahidines (divididos y corruptos) y la desaparición de la estructura tribal tradicional. Añade también que los afganos corrientes no perdonaron nunca a los americanos que tras la caída de los comunistas se desentendieran del problema de Afganistán y no hicieran nada por evitar la guerra civil, dejando a Arabia Saudita y a Pakistán rienda suelta en el país.

Veinte años después los americanos vuelven a abandonar a los afganos a su suerte. El autor Gilles Dorronsoro señala que esta retirada era inevitable por la «extrema corrupción» de los dirigentes afganos.

Volviendo a Rashid, veinte años atrás: «las matanzas de hazaras en Kabul por Masud en 1995, la de talibán que llevaron a cabo los hazara en Mazar en 1997, y las de hazara y uzbecos a manos de los talibán en 1998 no tienen ningún precedente en la historia afgana y tal vez han dañado de manera irreparable el tejido anímico nacional y religioso del país».

A principios de julio Rashid ha estado en Madrid. Le han entrevistado y no ha podido ser más claro: «Este caos puede conducir al fin de Afganistán». «Los talibanes solo buscan el colapso del régimen para reinstaurar su siste-ma con algunas modificaciones…Eso es todo. ¿Qué ha cambiado? Absolutamente nada».

Bellas tierras.

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