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4-M: Ayuso arrasa en Madrid, se lleva a Iglesias como trofeo y deja a Sánchez tocado

Los mismos que lograron hilvanar un discurso eficaz y cercano a las preocupaciones de los ciudadanos en las elecciones catalanas no han entendido la clave en la que se jugaba todo el 4 de mayo

Javier Pons

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Javier Pons. Foto: DT

Javier Pons. Foto: DT

El primer análisis que hay que hacer tras el 4-M es la buena noticia de la grandísima participación que protagonizó las elecciones a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Esa es una excelente noticia que dice mucho de la salud de esta democracia. Los ciudadanos han hablado y por cierto con mucha rotundidad y claridad.

Aunque esa alta participación haya sido en parte resultado de la polarización de la campaña y de la creciente crispación hay que saludar como ejercicio democrático ese más del 70% de participación.

La derecha ha arrasado en la capital y ha demostrado que aún contando con una pintoresca candidata puede generar tanto entusiasmo en grandes masas de votantes con fórmulas simplistas y básicas como confusión en el adversario político hasta llevarlo a cometer el error en que ha caído la izquierda madrileña.

Uno más de una larga lista de errores estratégicos que han permitido que el Partido Popular, juzgado y demostrado su carácter corrupto en Madrid, consiga una vez más una victoria que esta vez es aplastante.

Todo empezó y hay que recordarlo tras las elecciones catalanas. Sánchez y Redondo que no cabían en su traje tras la victoria de «su candidato» Salvador Illa en las elecciones catalanas, se creyeron más astutos que nadie y en una arriesgada y mal preparada maniobra intentaron descabalgar al PP murciano con una fallida moción de censura. Ese fue el germen de lo que pasó anteayer en Madrid. Por lo tanto las responsabilidades deberían estar claras.

Han pasado 36 horas y el «cadáver» está todavía frío. Me refiero a la izquierda madrileña que acaba de sufrir una de las peores y más humillantes derrotas electorales de las contiendas autonómicas en la capital. Hoy en caliente todavía toca reflexionar sobre cuáles son las razones que han conducido a esta debacle en mayúsculas.

Isabel Díaz Ayuso ha doblado en escaños al Partido Socialista que ve como una campaña errática mezclada en un cocktail tremendo con una soberbia galopante son la mejor receta para estamparse en la urnas. Los mismos que consiguieron hilvanar un discurso y un relato eficaz y cercano a las preocupaciones de los ciudadanos en las pasada elecciones catalanas no han entendido la clave en la que se jugaba todo el 4 de mayo.

Menospreciando a la presidenta de la Comunidad han creído que con eso bastaba para pasar por alto que el candidato Gabilondo nunca lo fue (estaba de salida rumbo a la oficina de Defensor del Ciudadano) y que polarizar el discurso ocultando a los ciudadanos un debate sobre la gestión daría como mágico resultado un vuelco en las encuestas y sobre todo en las expectativas de los madrileños.

Despreciaron así la oportunidad de poder analizar la pobre gestión de una presidenta que ha basado su campaña en convertirse en la referencia del antisanchismo con eslóganes sencillos, fáciles de entender por la mayoría y una gestión de la pandemia que ha rayado en todo momento el malabarismo. Algo que podría ser gracioso si no estuviéramos hablando de vidas humanas. Pero claro, nadie le ha recordado la gestión de las residencias (suya), la temeridad de sortear estados de alarma (suya) y dos años de mandato en los que no se ha aprobado más que una sola ley.

Por lo tanto, victoria para Ayuso y una decepción enorme en la izquierda en la que sólo se ha salvado la única candidata que ha apelado a todo eso de lo que nadie quería hablar y cuya campaña ha conseguido batir al PSOE en el último minuto.

La gestión, eso lo entendió perfectamente alguien bastante normal (un piropo para un político) como Mónica García que sería la única buena noticia de este martes y que quizás haya puesto las bases en un proyecto que ya defendió en la Asamblea de Madrid denunciando en los dos años esa inacción y pobre gestión de la que hablaba antes. Sánchez e Iglesias son sin duda los dos grandes perdedores de estas elecciones.

El segundo ya ha anunciado rápidamente una marcha de la política que podría ser ejemplarizante si no oliera a que estaba preparada en el mismo momento en el que renunció a la vicepresidencia del gobierno.

Sánchez queda gravemente tocado y por mucho que se repita que Madrid no es España…haría mal sin hacer autocrítica. Tras teledirigir sin acierto desde Moncloa y con una cierta sorna la campaña de un candidato en el que no creía y cambiando de intentar rebañar votos al centro derovar hacia la extrema izquierda asumiendo el «Fascismo o Democracia» de Podemos urge una reflexión.

Ayuso no sólo ha barrido a Ciudadanos sino parece que hasta ha rebañado votos en el PSOE, seguramente en comerciantes y profesionales que han visto como un soplo de aire fresco su política de puertas abiertas en la ciudad. Tengo que reconocer que en alguna de estas columnas he escrito con ligereza sobre Ayuso. Reconozco mi error aunque tengo que decir que lo hacía en base al ingenuo análisis de la gestión de lo real y cercano autonómica y no de la caricatura con que la izquierda ha intentado reducir su proyección.

Javier Pons inició su carrera en Ràdio Reus. Ha sido director de 'El Terrat', director de TVE y CEO de Prisa Radio. Actualmente dirige la productora Globomedia (Mediapro).

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