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A Trump, esto le importa un carajo

Otra hipótesis, nada desdeñable, es que el presidente de Estados Unidos apenas sabía de lo que hablaba

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Foto: EFE

Foto: EFE

El pasado sábado, Donald Trump, expresó su opinión sobre los jugadores de la NFL (liga de fútbol americano) que se niegan a cantar el himno nacional en protesta por la discriminación y los abusos policiales contra los negros. Al sonar The Star-Spangled Banner, estos deportistas ponen una rodilla en tierra en lugar de mantenerse firmes. «Cuando un tipo hace eso, el dueño del equipo debería decir: ¡Saque a ese hijo de puta fuera del campo ahora mismo, está despedido! ¡Despedidoooooo!», bramó el presidente.

Con este precedente y otros tantos, resulta descafeinado el posicionamiento de Trump sobre Catalunya: «Sería de tontos no quedarse en España porque es un país grande, bonito e histórico». Que un hombre de su contundencia emplee tantas simplezas y circunloquios para tratar del asunto, no es un gran triunfo de Rajoy. Y si la conclusión es que el presidente de Estados Unidos apenas sabía de lo que hablaba –hipótesis nada desdeñable–, la diplomacia española tampoco queda en muy buen lugar. 

En cualquier caso, de la lectura de las frases inconexas de Trump y de las posteriores de la portavoz del Departamento de Estado, vuelve a quedar claro que la Casa Blanca prefiere una España unida. La otra conclusión evidente es que el tema le importa poco menos que un carajo, porque tiene otros graves problemas de los que preocuparse.

La independencia de Catalunya hace poca o ninguna gracia a los gobiernos y las elites políticas de los países con intereses con España, como la Generalitat ya ha comprobado repetidamente. Las pocas alegrías diplomáticas del Govern se han producido en otros niveles. A la vista de lo preocupantes que se están poniendo las cosas de cara al domingo, aporta cierta tranquilidad el hecho de que los medios de comunicación internacionales y una parte de la opinión pública europea hayan puesto sus ojos en Catalunya, porque ayudarán a prevenir que alguien caiga en la tentación de excesos impropios de un país democrático miembro de la Unión Europea.

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