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A favor de la humildad

Antoni Coll i Gilabert

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En su discurso de triunfador, Pablo Iglesias se recomendó a sí mismo y a su partido «unidad y humildad».

Lo de la unidad era un clamor en el congreso y una necesidad del momento. Sorprendió más en su boca la apelación a la humildad, que es claramente una virtud moral, aunque no creo que la tomara Iglesias de la Iglesia.

Es una constatación que las personas más sabias suelen ser humildes. Einstein dijo: «Nunca he conocido a una persona tan ignorante que no tuviera algo que enseñarme». Y ya Cicerón recomendó: «Cuanto más alto estemos, más humildes debemos ser».

Los humildes son inútiles para ofender, rápidos para perdonar, constantes en agradecer, deseosos de aprender, dispuestos a escuchar.

Ojalá Pablo Iglesias y todos los líderes políticos practicaran esta virtud. Las críticas disminuirían, el diálogo avanzaría y la paz sustituiría las tensiones en un mundo más feliz.

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