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A lo loco

Mientras los socialistas, los republicanos y los del exilio sumaban algo más del 30%, nadie, o pocos, se fijan en los que no han querido votar, no van a votar nunca o están enfadados y desengañados con unos y con otros por sus falsas promesas

Ángel Camacho

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A lo loco

A lo loco

No le dé más vueltas a las elecciones. A lo hecho, pecho. Todos han ganado algo, bueno, menos Cs y PDeCat, que, al menos, han recogido muestras -hipócritas- de conmiseración, de alguna lagrimita insincera. Mientras los socialistas, los republicanos y los del exilio sumaban algo más del 30%, nadie, o pocos, se fijan en los que no han querido votar o no van a votar nunca a nadie o, simplemente, están enfadados y desengañados con unos y con otros por sus falsas promesas.

Estoy señalando el porcentaje de ciudadanos/as que han alcanzado nada menos que el 46,5%. O sea, más que ningún  partido político. Es una cifra mareante de gente convencida de que el voto no sirve para nada o que su voto luego lo estropean después con chanchullos. Se supone que los expertos electorales, que se ganan muy bien la vida equivocándose cada vez, estudiarán el fenómeno y procurarán delinear una estrategia para atraer a los/as ciudadanos/as que tanto dudan de la actitud democrática del votante.

Aunque, bien visto, el que se abstiene ejerce su derecho. No le gusta el plato que le presentan los partidos, tiene más sal de lo debido, o pimienta, o curry salvaje, y lo rechaza. Otras veces, es el color de la salsa; porque hay banderas para todos, desde la cuatribarrada que debería atraer a todos los catalanes, hasta la de Vox, que no se acaba de arraigar más acá del Ebro.

Ya nos explicarán que la culpa es de la pandemia de la Covid, de la lluvia, de relevos en los partidos, de… excusas de mal ganador o perdedor. 

En definitiva, es lo que dice Luna en La Vanguardia: «de Madrid nos llegan ecos socialistas que celebran esta victoria como se celebran hoy las cosas en días –y noches– de pandemia, sin convicción ni brindis. El cambio efectivo llegará -o no- cuando el declive económico de Catalunya sea más acusado. Quizás con la ruina. Y le delata una frase: ¡Pobre Catalunya!».

Volviendo al tema, la responsabilidad de gobernar no es solamente la de ir hacia la independencia. Gobernar, en los tiempos que corren, es algo diferente de poner la bandera en la cima del soberanismo. Es ser pragmático, y en eso parece ser que Esquerra tiene más números y más experiencia Quien va despacio, llega lejos, dice el proverbio.

A pesar de lo cual -y vista la experiencia «trumpista»- todo es posible en este mundo de la política.

Hacia los sesenta del siglo pasado tuvo éxito una canción que resumía la conducta de una sociedad que comenzaba la apertura al turismo, a las inmobiliarias, a los banqueros desatados. Se titulaba A lo loco.Y terminaba el estribillo diciendo «a lo loco, a lo loco, a lo loco se vive mejor».

Ángel Camacho: Abogado y periodista

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