A tiros contra las aves

A ver, no digo yo que nos liemos a tiros contra las palomas en Tarragona, pero algo habrá que hacer para combatir esta auténtica plaga

ÁLEX SALDAÑA

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A tiros contra las aves

A tiros contra las aves

Ayer, después de que el excremento de una paloma cayera en mi hombro y de ver cómo una mujer de edad avanzada casi se cae –la sujetó del brazo, no sin dificultades, su marido– al patinar en una acera repleta de heces de estas aves, llegué a entender por unos instantes a las autoridades de Madrid, que se han liado a perdigonazos contra las cotorras en el parque de la Fuente del Berro, en pleno barrio de Salamanca. Sí, sí, tal cual lo leen.

Pese a que el Ayuntamiento de la capital del reino anunció que se encargaría de reducir el número de esta especie invasora «de una manera ética», dos trabajadores iban por el parque con sendas carabinas de aire comprimido y disparando a las aves, para luego acercarse a los cuerpos inertes caídos en el suelo y guardarlos en una bolsa para no dejarlos a la vista de los ciudadanos.

De hecho, el parque estaba cerrado «por motivos de trabajo de control de especies invasoras». Pero el Consistorio no contaba con la sagacidad de los vecinos, que no tardaron en sacar el móvil y colgar fotos de aves tiroteadas en las redes sociales, por lo que se ganaron la bronca municipal: «Se han saltado las medidas de seguridad», lamentaba el Ayuntamiento.

A ver, no digo yo que nos liemos a tiros contra las palomas en Tarragona –me parece un método un tanto bestia y, en todo caso, no muy ético–, pero algo habrá que hacer para combatir esta auténtica plaga, no solo molesta porque llena las calles de la ciudad y algunas casas deshabitadas de excrementos, sino porque representan un problema para la salud pública.

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