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A vueltas con el Corredor

Tarragona no está jugando bien sus cartas en materia ferroviaria
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Tarragona no está jugando bien sus cartas en materia ferroviaria. El Ayuntamiento se conformó demasiado rápido con la promesa de unas escaleras mecánicas y ascensores en la estación que arrancó el pasado mes de febrero al secretario de Estado de Infraestructuras, Manuel Niño, cuando tenía el apoyo ciudadano y de los partidos políticos para iniciar movilizaciones. Entre otras cosas, porque las protestas hubieran resultado una buena oportunidad para exigir compensaciones por hipotecar la fachada marítima aceptando el tercer carril por la costa para la salida de mercancías del territorio en ancho internacional. Y así nos va.

Mientras Fomento ha dado instrucciones para acelerar las obras de desdoblamiento de la vía entre Vandellòs y Tarragona para que quince años después de su inicio estén listas antes de las elecciones generales, en la ciudad la única respuesta a las peticiones (el compromiso de que el tercer carril es provisional y de que las mercancías peligrosas no estacionen ni duerman en la estación, la reducción del impacto acústico del paso de la vía por el frente marítimo o la construcción de las pasarelas que conecten la ciudad con la playa) ha sido negativa. Adif ha rechazado suprimir alguna vía en la estación como reclamaba el consistorio para ganar espacio para habilitar una zona de estacionamiento para los usuarios. Y para más inri la estación de Tarragona tiene muchos números de perder los pocos servicios de larga distancia que le quedan cuando sea efectivo el desdoblamiento de la vía porque no tendrá ningún sentido que los trenes de Valencia pasen por la ciudad existiendo una opción más rápida como es la de Vila-Seca -La Secuita-vía del AVE.

El alcalde de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros, volvió a calificar ayer de «vergonzoso» el retraso del Corredor Mediterráneo y razón no le falta. Pero conscientes de la poca sensibilidad de Madrid, que hasta ahora ha ninguneado las reivindicaciones de la ciudad, tal vez sería bueno plantearse si, en los términos actuales, el apoyo al ancho europeo por la costa compensa.

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