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A vueltas con la amnistía, el referéndum y la autodeterminación

La democracia se basa en el respeto a las leyes, la justicia y la convivencia que el pueblo soberano vota mayoritariamente

LUIS ÁLVAREZ DE VILALLONGA

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LUIS ÁLVAREZ DE VILALLONGA

LUIS ÁLVAREZ DE VILALLONGA

Era de esperar que, tras el indulto a los condenados por sedición, el orbe independentista se creciese ante el hipócrita argumento esgrimido por Sánchez de concordia e indulgencia que rebajase el clima de tensión y crispación ante el ofrecimiento de una nueva mesa de diálogo y negociación.

Sánchez sabe perfectamente que la hoja de ruta de los secesionistas se adaptará a las nuevas circunstancias y el momento político, pero nunca renunciarán a un referéndum de autodeterminación como instrumento hacia una Cataluña independiente en un nuevo estado republicano, pero esto poco le importa, su interés es moverse en terreno pantanoso y que la porquería ensucie a sus socios y adláteres con tal de permanecer en el poder, a costa de debilitar las instituciones y el prestigio de España.

La democracia se basa en el respeto a las leyes, la justicia y la convivencia que el pueblo soberano vota mayoritariamente. Nuestra Constitución establece meridianamente claros los límites, las fronteras del Estado y la diversidad de territorios que forman una unidad indisoluble, de ahí que el secesionismo es contrario a la democracia porque contraviene y rompe la unidad política de todo un territorio, sin embargo, la propia Constitución contempla la posibilidad de la autodeterminación de un territorio mediante la aprobación de las tres quintas partes en la Cámara de Diputados, y otros trámites posteriores.

Pero el trilero que nos gobierna ya apunta un nuevo estatuto para Cataluña en el que seguramente habrá carta blanca para una serie de cuestiones que colisionarán con la Constitución y que habrá que recurrir, pero el tiempo correrá a su favor y dos años pasan sin apenas darnos cuenta. Pactos impensables nos esperan, pero ya nada es imposible después de lo visto. Permanecer al mando del ejecutivo es la prioridad de Sánchez a cualquier precio, aún en detrimento y desprestigio del Estado.   

Ahora pretende embaucar a una juventud falta de criterio y sólida formación en un mar de dudas e incertidumbres y con unas perspectivas de futuro desalentadoras, pero con sus falsas promesas intentará hipotecar sus votos.   

El imaginario independentismo rechaza la norma, y en su ensoñación no tiene límites. Una permanente militancia propagandista en contra del Estado pone en tela de juicio una democracia incuestionable o el estado de derecho, aduciendo condenas aleatorias del Procés que atentan contra la libertad, la imparcialidad y el ejercicio de un inadmisible abuso de poder. 

Vivimos unos momentos de incertidumbre, de desconfianza en las instituciones, de susceptibilidad hacia la Unión Europea, y no se observa una salida a corto plazo. Todo hace prever que hasta las próximas legislativas habrá que apechugar con lo que venga e ir apretándonos el cinturón, pero tampoco nada garantiza que tras los comicios se pueda producir un golpe de timón a pesar del éxito alcanzado en la comunidad madrileña, así que los políticos tendrán que exprimir su capacidad intelectual (los que la tengan) para que nuestras pupilas, fijándose en la realidad cotidiana de las familias, el porvenir de nuestros hijos y nietos, y en el hartazgo de tantos gobiernos partidistas, egocéntricos y ajenos a la ciudadanía, sepan elegir con criterio propio, objetividad y libertad.

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