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Acerca del escepticismo hacia la vacuna

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la desconfianza frente a las vacunas representa o es una de las mayores amenazas para la salud global

PEDRO MESTRES VENTURA

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PEDRO MESTRES VENTURA

PEDRO MESTRES VENTURA

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la desconfianza frente a las vacunas representa o es una de las mayores amenazas para la salud global.

En algunos países, sobre todo europeos, médicos junto con otras organizaciones afines recomiendan informar mas y mejor, con la esperanza de romper así el frente de los negacionistas. En países económicamente fuertes, la campaña de vacunación tropieza con dificultades. No obstante, prácticamente todos los ciudadanos que desean ser vacunados contra SARS-CoV-2, han conseguido ya una cita y están vacunados. Los restantes no vacunados o están a la espera o son aquellos que están en contra las vacunas, ya sean las desarrolladas en tiempo record o incluso en general.

Tenemos que preguntarnos cómo contactar con estas personas y convencerlas de lo erróneo de sus ideas y también cabe preguntarse cuando un Estado puede justificar e incluso debe imponer la vacunación obligatoria. En este sentido una cita del Papa Francisco parece oportuna: «Vacunas no son solo para la salud propia, sino que lo son también para la población general». Sobre los médicos recae un particular papel en esta cuestión, pues ellos podrían hacer frente a las consecuencias de informaciones falsas (¡una misión más, por si hasta ahora tuviesen pocas!)

El escepticismo frente a la vacunación se ha visto probablemente reforzado en países europeos por los déficits iniciales en la distribución de la vacuna entre la población.

El porcentaje de negacionistas en España, también conocidos por «reticentes radicales», era en 2020 del 33% pero en mayo de este año el porcentaje había disminuido al 4%. En Alemania en agosto de 2020 la mitad de la población o tenia dudas o se negaba categóricamente a ser vacunada. Estas cifras han cambiado y hoy el 75% es favorable a la vacuna, mientras que solo un 17% duda o son reacios a la misma. En Francia a pesar de que actualmente un 76% es favorable a la vacuna, multitudes se manifiestan en la calle, obligando al presidente Macron a tomar medidas drásticas. En los EEUU la tasa de «negacionistas» es considerable, sobre todo entre las filas de los republicanos, seguramente azuzados por los twists de Trump.

Esta actitud negativa frente a la vacuna no es nueva (ver articulo sobre la vacuna en Diari de Tarragona, 11/5/21), pero mientras haya una población «no-vacunada» será difícil extinguir una enfermedad, en este caso vírica.

Los expertos ven en este rechazo tres problemas: 1) la falta de confianza en las vacunas, 2) la creencia de que los riesgos de la vacuna superan a los beneficios de la misma y 3) la comodidad, es decir, cuanto mas difícil sea el acceso a la vacuna, tanto mas débil será la motivación a vacunarse. Como ya se ha apuntado antes, una parte de la ciudadanía se opone categóricamente a la vacuna, personas a las que no será fácil convencer de lo contrario.

El hecho de que se disponga de distintos tipos de vacunas contra la Covid puede ser fuente de dudas, por lo que en estos casos la respuesta por parte de las autoridades debería ser informar para eliminar esa desconfianza. Por ejemplo, según estimaciones recientes, casi la mitad de los ciudadanos en Europa tiene recelo frente a la vacuna de AstraZeneca, lo que se debe sin duda a la profusión de noticias sobre la misma poco razonadas. En algunos grupos sociales como el de los inmigrantes, las dificultades idiomáticas no han facilitado las cosas. Es muy probable que a nivel europeo tampoco se haya explicado lo suficiente la importancia de la segunda dosis de la vacuna. Tales preocupaciones de la gente hay que comprenderlas y abordarlas de forma específica, lo que necesariamente recae en el personal cualificado para ello.

El dilema está en sospesar entre libertad personal y el bien común y en este contexto, preguntarse qué consecuencias está dispuesta a aceptar la sociedad si una parte de la población no quiere vacunarse. Por un lado, la gente tiene derecho a no vacunarse, pero por otro también se ha de discutir la posibilidad de hacer obligatoria la vacunación, por lo menos en profesiones clave.

Con esto no se descarta que, según evolucione la pandemia de Covid, sea absolutamente necesario vacunar a toda la población, con el fin de evitar la progresión del virus, que en tal caso continuaría evolucionando y dando nuevas cepas (mutaciones), lo que pondría la salud de todos en peligro.

Y para terminar una cita de Immanuel Kant (1724-1804): «La libertad del individuo termina donde comienza la libertad del otro».

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