Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Más de Opinion

Adiós a la cabina telefónica

Whatsapp

La noticia me ha dejado una sensación de nostalgia. En diciembre de 2016 desaparecerán las cabinas telefónicas de nuestras ciudades. Las pocas que quedan. En Tarragona, según un reportaje que hizo mi compañero Raúl Cosano hace unos meses, son 13. Número gafe que les augura un negro futuro. Condenadas a muerte por el auge de los móviles –en este país hay más de 50 millones de estos aparatos, más de uno por habitante– y los locutorios, en España las cabinas han menguado de las 100.000 que había en el año 2000 a las 25.820 de la actualidad. Y ya sólo inmigrantes despistados y alguna que otra persona mayor que se niega a cederlo todo al progreso les dan un uso correcto; la mayoría de quienes se acercan a ellas lo hacen con un pequeño gancho y con la aviesa intención de sacarles las pocas monedas que puedan guardar en sus hambrientas tripas –me temo que comen menos que el bueno de Carpanta–. Sí, la cabina ha devenido en una de las víctimas preferidas del vandalismo. Ver una sin un grafiti es una odisea, como lo es encontrar alguna que conserve el auricular. Y hallar una que funcione es ya misión imposible. Una lástima. En estos tiempos donde todo corre a velocidad de vértigo hemos convertido en una reliquia urbana aquel artefacto que tanto nos facilitó la vida –¿quién que tenga más de 30 años no ha recurrido alguna vez a una?–. Y la verdad es que tampoco hace tanto de ello –si bien es cierto que el primer teléfono público de España se instaló en 1928 en el madrileño parque del Retiro, las que aún se hallan en las calles y que funcionan con monedas se empezaron a poner en 1966–. Sí, ya sé que todas son deficitarias y que eso las hace inútiles. Sin embargo, me gustaría que indultasen a algunas de ellas, como sucedió con el toro de Osborne. Al menos, para que nuestros hijos entiendan la mítica y claustrofóbica película en la que el gran José Luis López Vázquez se quedó encerrado en este ya vago reducto del siglo XX.

Temas

  • OPINIÓN & BLOGS

Comentarios

Lea También