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Aglomeración en el centro

Las intrigas cortesanas son prisiones donde el ambicioso muere y al astuto nacen canas
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Los españoles sabemos que los extremos no sólo se tocan, sino que nos tocan las partes más íntimas (me refiero al estómago), con las que nadie debe jugar. El impaciente líder Sánchez se ha buscado una buena capa para guarecerse de sus no menos apresurados rivales. De momento, para marcar distancias con Podemos, se ha marcado un tanto envolviéndose con la bandera, que es roja y amarilla, que son los colores respectivos de nuestras pretéritas hazañas y de nuestros actuales rencores íntimos. ¿A quién puede desagradarle ese cromático rescate? Una bandera es algo más que un trapo simbólico, del mismo modo que una foto de nuestra madre es algo más que una cartulina invadida por el color sepia de los años.

Los enemigos de Sánchez, entre los que no me cuento, dicen que por algo ha presentado su programa en un circo. El Price de Madrid, donde yo veía boxeo antes de que él viniera al mundo, no se si sigue lleno de ‘ecuyeres’ y de respetables payasos con la cara de tiza y la lágrima de colorines. Busca este señor, no menos valiente que oportunista, el centro, pero el centro está superpoblado. Mucha gente se ha citado allí, como antes en la Puerta del Sol esquina La Mallorquina. Lástima que no esté demasiado claro su modelo federal, mientras el pelmazo del señor Mas insiste en el desguace. Mucha gente de buena fe, entre los que sí me cuento, quisiéramos saber qué es lo mejor para todos, sobre todo para los españolitos que vienen. A los que nos estamos yendo pronto nos va a partir el rayo que no cesa de los calendarios. Los clásicos, que por algo lo son aunque hayan dejado de ser contemporáneos, decían que las intrigas cortesanas son prisiones donde el ambicioso muere y donde al más astuto nacen canas. Pedro Sánchez quiere espantar el miedo agitando la bandera que amamos casi todos y la socialdemocracia que a algunos no les entra en la cabeza y a otros no les cabe en el bolsillo, porque está repleto. Le deseamos suerte y una escoba para limpiar la casa. No sea que utilice la bandera como bayeta.

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