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Aleluya, aleluya, aleluya

La música predispone a estados emocionales que tienen importancia en la conducta
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Magnífico el Aleluya de El Mesías, de Georg Friedrich Händel, del pasado lunes de la Inmaculada, en el Palau de la Música en Barcelona que, interpretado por la Orquesta y Coro Estatales Ucranianos de Kharkov, ante los insistentes aplausos del público asistente, tuvo que ofrecer un bis inmejorable. La orquesta está compuesta por más de cien músicos, muchos de los cuales han ganado concursos nacionales e internacionales. El coro, después de realizar su primer concierto en enero de 1981, se ha situado en el centro de la vida artística del país. Su alta capacidad y cultura de trabajo, la diversidad de su repertorio y su intensa actividad concertística han convertido al coro en profesional y en el año 1990 se unió al equipo creativo de la Filarmónica de Kharkow.

Su director, Yuriy Yanko, artista honorífico de Ucrania, tiene la reputación de uno de los mejores directores de Ucrania. Galardonado con el premio del concurso internacional de Vakhtang Jordania, se caracteriza por su estilo creativo, su gesto nítido y claro, su emoción y arte. Desde 1994, es el director del Teatro Académico de Ópera y Ballet de Kharkow. Ha actuado con la Orquesta Sinfónica Nacional de Ucrania, la Orquesta Sinfónica Nacional de Moldavia y con otras muchas prestigiosas orquestas de Rusia y Ucrania.

Curiosamente Händel escribió El Mesías en 1740 en tan solo tres semanas, pero la obra no se estrenó hasta dos años después, en el New Music Hall de Dublín. Para su presentación en Londres, tuvo que cambiar el título original por el de Sacred Drama, ante las críticas que le acusaban de llevar un tema tan sacro a un lugar tan poco idóneo como el teatro y con unos intérpretes que nada tenían que ver con la liturgia. En realidad El Mesías no narra la historia sagrada sino que es más un canto o reflexión sobre el misterio de la redención y la relación entre el hombre y Dios. En la obra se integran la profecía de la salvación y de la llegada del Mesías, la Pasión y la Resurrección, y la promesa de la salvación.

Los oratorios constituyen la parte más original de la obra y arrastran al oyente a una experiencia conmovedora. Tal es el caso de la parte más conocida, el Aleluya, modelo de arquitectura sonora perfecta que, en ocasiones, el público escucha respetuosamente de pie y el Amén final, verdadero monumento de la música por la riqueza del ritmo y el impresionante entrelazado de las voces tan solo sobre una única palabra.

A partir de El Mesías, Händel motivado no solo por el fracaso de sus obras y de su compañía, sino también por un creciente fervor religioso, abandonó definitivamente la ópera, que había cultivado hasta entonces, para centrarse en el oratorio, del que sería maestro indiscutible. A El Mesías le siguieron obras como Sansón, Semele, Hércules y Baltasar, inspiradas en la Biblia y la mitología clásica. Según afirmaba el mismo, el propósito de su música no era divertir, sino mejorar al público. En el mes de abril de 1759, Händel asistió a una audición de El Mesías en el Covent Garden londinense y poco después moría a la edad de 74 años.

Como es sabido, música y política constituyen algo más que una relación emocional. Mientras me encontraba embelesado en la audición, pensaba lo excelente que sería que los líderes de todas las coloraturas políticas, existentes actualmente en Catalunya, se hubieran encontrado en las butacas del Palau de la Música. Seguro que hubiera sido extraordinariamente positivo para Catalunya y la tensión entre ellos hubiera desaparecido totalmente después de escuchar el Aleluya.

Decía Charles Darwin: «La música despierta en nosotros diversas emociones, pero no las más terribles, sino más bien los sentimientos dulces de ternura y amor». La melodía, la letra, la armonía o el ritmo saben arañar en nuestra fibra sentimientos que guían nuestras acciones. Nos predisponen a estados emocionales que tienen mucha importancia en nuestra conducta. Se suele decir que la música amansa a las fieras.

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