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Opinion EDITORIAL

Alemania sin alternativas

 Un parlamento en que la mayoría y la minoría principal se alían padece un déficit de fiscalización del poder

 

Diari de Tarragona

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S las bases del SPD lo refrendan como cabe esperar, Alemania seguirá estando gobernada por una ‘gran coalición’ comandada por Merkel, en la que sin embargo el SPD controlará las principales carteras, entre ellas las de Finanzas y Exteriores. Se aleja así el fantasma de unas nuevas elecciones que hubieran prorrogado el periodo de interinidad, y la UE respira al fin aliviada, no sólo porque al fin podrán Merkel y Macron afrontar la refundación de la UE sino también porque Alemania ofrece incrementar su contribución al presupuesto europeo. Los ciudadanos más progresistas se sentirán satisfechos porque el SDP ha conseguido incrementar de forma relevante el gasto social, en tanto los más conservadores apreciarán que no se suban los impuestos ni se haga la menor concesión al déficit. Pero no todo es satisfactorio en esta entente. De entrada, es claro que en este marco de grandes unanimidades el control del poder se debilita. Un parlamento en que la mayoría y la minoría principal se alían padece un déficit de fiscalización del poder. En segundo lugar, habrá que pensar qué opciones se deja a los ciudadanos que se sientan decepcionados por el gobierno a medida que el Ejecutivo cometa errores (que siempre se cometen) y experimente el desgaste que acarrea el desempeño del poder. Y, por último, resulta inquietante que la voz cantante de la oposición, el partido que sistemáticamente se opondrá a los designios de la apabullante mayoría, sea Alternativa para Alemania (AfD), una formación neonazi que ya ha obtenido unos resultados inquietantes -el 12,6% de los votos- y que por lógica englobará a gran parte de quienes rechacen la acción gubernamental. Si el modelo alemán (o de cualquier otra democracia) no es capaz de decantar una mayoría de gobierno habría que pensar en actuar sobre las normas electorales para conseguirla, en vez de optar por alianzas que desnaturalizan el debate político y reducen a cero la controversia ideológica, que es, que sigue siendo, uno de los grandes motores dialécticos del progreso político y social.

 

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