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Alemania tiene la solución

La Europa del norte no se fía de quién miente y proporciona datos erróneos para minimizar sus desequilibrios

JOSE-DANIEL VILA ROBERT

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Que Pedro Sánchez cuestione la viabilidad de la Unión Europea (UE), revela su nula capacidad en la materia. Para los que hace años hemos trabajado con ilusión en el seno del Consejo de la UE es, además, frustrante. Cuando al frente de la Comisión Europea (CE) estaba Jacques Delors, su meta eran los Estados Unidos de Europa.

Como escribió Georges Washington, en una carta al marqués de La Fayette: «Un día, sobre el modelo de Estados Unidos de América, los Estados Unidos de Europa empezarán a ser!». Y Ortega y Gasset afirmaba: «El europeo no puede vivir, a no ser que se embarque en una empresa unificadora». 

A pesar de su pequeñez geográfica, Alemania es el único estado miembro de la UE que puede aportar los fondos necesarios y está dispuesta a ayudar, pero obviamente con condiciones

El presidente, Pedro Sánchez, debería luchar por lo que necesita Europa, a saber, una respuesta única contra el virus y una coordinación perfecta en cuanto a protocolos y tiempos. Los eurobonos, al igual que las responsabilidades, ya tendrán tiempo para ser debatidos, una vez superada la pandemia. La propuesta española de levantar un fondo de 1,5 billones de euros, reunidos con la emisión de un monto de deuda perpetua, parece que no saldrá adelante, a pesar de que tiene la ventaja de evitar el crecimiento incontrolado de la deuda de los Estados miembros del Sur. La Europa del Norte no se fía de quién miente y proporciona datos erróneos para minimizar sus desequilibrios.

En la Unión Europea (UE), la llave para solucionar la problemática derivada de la pandemia, en mi opinión, la tiene Alemania. Es el único estado miembro, con capacidad para aportar los fondos necesarios. Los alemanes, históricamente, han sido luchadores, pero debido a su fragmentación llegaron tarde a los imperios coloniales y tuvieron que contentarse con un par de territorios en África y algunas islas en Oceanía.

Pero, a pesar de su pequeñez geográfica, crecieron como gran potencia. Alemania perdió sus colonias y su nivel de vida después del Tratado de Versalles. Con la Segunda Guerra Mundial Alemania vuelve a perder y queda dividida. Pero, en poco tiempo, la Alemania occidental recuperó el nivel y se convirtió en el país favorito, no solo por su reconstrucción modélica, sino también por su generosidad dentro de la UE, como principal contribuyente a los fondos de cohesión que buscan igualar las diferencias.

Ahora, Alemania es la única que puede aportar los fondos necesarios y está dispuesta a ayudar, pero obviamente con condiciones. Y un dato histórico poco conocido: La reunificación alemana supuso acoger a 17 millones de habitantes, entre los que se encontraba Angela Merkel, sin moneda ni industria. Para pagar el coste, el Gobierno alemán no fue a pedir nada a Bruselas, sino que impuso a sus ciudadanos occidentales un impuesto, que precisamente terminó de pagarse a principios de este año. Y nadie protestó ni se manifestó.

Según el filósofo Philippe Nemo, la civilización occidental, origen y fundamento, de la comunidad europea, se basa en cinco pilares: la filosofía griega, el derecho romano, la Biblia, la revolución papal de los siglos XI a XIII y la democracia liberal. Ciertamente, nada de esto ha tenido lugar fuera de Occidente y, cuando ha ocurrido fuera, ha sido bajo la influencia occidental. 
 

JOSE-DANIEL VILA ROBERT Ingeniero Industrial y ex subdirector general de la Oficina Española de Patentes y Marcas
 

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