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Alemania vuelve a Persia

Habría sido razonable y menos prosaico esperar un poco a volver a Teherán
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A lgunos medios han señalado la prisa, se diría que no muy diplomática, con que el ministro alemán de Economía (y vicecanciller) de Alemania ha visitado Irán, cuando estaba todavía fresca la tinta con que se había firmado el acuerdo nuclear de ese país con el mundo entero. La firma fue el martes 14 y el domingo 19 ya estaba Sigmar Gabriel en Teherán con una delegación mucho más comercial que política. Lo sucedido es como la confirmación de un hecho menor que a nadie pareció sorprender en su día: la larga negociación se desarrolló entre el Irán y el llamado ‘G-5+ Alemania’, una anomalía formal porque los ‘cinco’ son, obviamente, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad que, presuntamente a petición de Berlín, añadieron a Alemania. La anomalía se completa si se recuerda que dos de los ‘cinco’, Francia y el Reino Unido, son miembros de la UE. Es seguro que sin la presencia alemana el texto del acuerdo sería exactamente el mismo y solo puedo anotar, hipotéticamente, que se creyó útil y de buen gusto que el país en el que fueron indignamente asesinados seis millones de judíos y tiene por ello algunos deberes particulares, estuviera presente. La razón: Israel, único adversario, con la derecha republicana ultranorteamericana, del acuerdo, veía a un Irán potencialmente nuclear como una amenaza existencial.

Pero, sea como fuere, a Berlín le habrá gustado mucho volver al escenario iraní, y más si, uniendo lo útil a lo deleitoso, el vicecanciller ha montado un viaje que huele a exportaciones industriales, gas, petróleo y asuntos menores. Habría sido razonable y, desde luego, menos prosaico, esperar un poco más a volver a poner pie en Teherán, donde apenas llegado, eso sí, herr Gabriel, dejó sentado que mientras Irán no acepte la existencia del Estado de Israel le será difícil alcanzar un estatus de gran socio comercial con Alemania. algo que, por lo demás, nadie cree: hay algo de educado guión en todo esto y la comunidad de negocios atenderá a sus lógicos intereses prácticos en un mundo competitivo sin otros condicionamientos. Dicho esto, poco saben que Alemania ha tenido un papel relevante en las vicisitudes del Irán moderno al hilo de su auge imperial bajo el Kaiser y que solo su derrota en la I Guerra Mundial cancelaría. No hay espacio aquí para contar la actividad y las aventuras en esos años del Lawrence de Arabia alemán, Wilhelm Wassmuss, animando el sentimiento nacionalista de las tribus o el tendido de la gran línea de ferrocarril que, en el diseño alemán, debía unir Europa al Golfo Pérsico (la ‘Bagdadbahn’). Londres tuvo un duro trabajo en proteger a su Imperio de las Indias de los planes germanos y temo que ahora lo tendrá de nuevo en la competencia comercial en el impresionante mercado iraní libre pronto de sanciones.

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