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Algo estamos haciendo mal

Las medidas punitivas y policiales han de ser un complemento a otras de tipo educativo
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Volvemos a tener un verano en el que la principal noticia de sucesos, son las mujeres muertas por violencia de género, y lo triste y preocupante es que llevamos muchos años de lucha contra esta lacra sin obtener resultados. Prácticamente las estadísticas se mantienen y el gran éxito es simplemente que no aumenta el número de mujeres muertas, triste mérito. En 1999 murieron 54 mujeres, igual número que en 2014, y este año ya son 28 según algunas fuentes.

Hemos dictado leyes especificas para la erradicar la violencia de género, hemos modificado en varias ocasiones el Código Penal para endurecer las penas de los maltratados, hemos establecido sistemas de protección incluso electrónicos, hemos creado oficinas específicas de atención a las mujeres en todos los centros policiales, las administraciones han establecido y ordenado a los cuerpos de seguridad una vigilancia mayor en los temas de violencia, una llamada de una mujer agredida recibe una inmediata respuesta. Se han establecido sistemas de protección social para las mujeres víctimas de violencia que les permita acceder a ayudas económicas. Los abogados hemos establecido un turno de 24 horas los 365 días de la semana para asistir jurídicamente a las mujeres víctimas de violencia de género, y todo ello no ha servido para prácticamente nada, estamos en el mismo número de mujeres muertas que en 1999, peor aún en los últimos años se han reducido el número de denuncias y el número de ordenes de protección otorgadas, hemos pasado de 126.293 denuncias en 2007 a 124.894 en 2013, y otorgado 41.420 órdenes de protección en 2008, y solo 33.167 en 2014. Todo ello sería una buena noticia si hubiéramos reducido el número de víctimas, pero manteniéndolo, solo podemos reconocer que hemos fracasado.

Algo no estamos haciendo bien, las medidas punitivas está bien claro que no sirven al carácter de prevención general, al hombre que piensa matar a su esposa, compañera o novia, no le amedrenta el hecho de saber que la pena ha sido incrementada en las últimas reformas, muchas veces incluso intenta quitarse la vida, por lo que el incremento de penas poca eficacia preventiva tiene. Cada vez escuchamos en las noticias, que más mujeres víctimas no habían denunciados a sus asesinos con anterioridad, hecho que concuerda con la disminución de denuncias. Estamos en una sociedad moderna basada en la igualdad y el respeto, pero no conseguimos erradicar la principal lacra precisamente contra la igualdad, la violencia de género.

Entonces ¿en que hemos fallado?, después de más de 25 años asistiendo a mujeres víctimas, creo que nos hemos equivocado, las medidas punitivas y policiales deben ser un complemento a otras más básicas y estas están en la erradicación de la violencia en nuestra sociedad, y eso solo puede hacerse desde una educación en los principios de respeto a la vida y a la integridad.

Y llegamos al eterno debate de nuestra sociedad: la educación. Si queremos erradicar la violencia de nuestra sociedad debemos invertir en la educación de nuestros jóvenes, nuestro mayor baluarte es infundir el respeto a la vida y a los valores de nuestra sociedad desde la escuela, no solo es importante formar excelentes profesionales, también debemos formar excelentes personas, invirtamos en educación e invertiremos en futuro.

Cuando yo estudiaba la suprimida EGB, y quizás fuera una exagerada forma de adoctrinamiento, teníamos la “consigna” diaria, era una frase que colocábamos en la pizarra cada día y que tenía algún valor formativo. No creo que la solución sea volver a la “consigna” ¿Pero a cuantos alumnos de la actual primaria, ESO o Bachillerato conocen la principal consigna de nuestra sociedad?: “Todos los seres humanos son libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. (Artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos aprobada por Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948). Así pues, con “consigna” o sin ella, a lo que no podemos renunciar es a educar en valores.

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