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Alto el fuego en Ucrania

Berlín y París hacen muy bien en promover un desenlace pacífico, diplomático y europeo en la grave crisis de Ucrania
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Las maratonianas conversaciones de paz para el este de Ucrania, que comenzaron el miércoles por la noche, han terminado en Minsk (Bielorrusia) con un acuerdo de alto el fuego a partir del próximo domingo, 15 de febrero. Es una puerta a la esperanza. La crisis en Ucrania dispone de un argumento decisivo favorable a su gobierno, prooccidental y anti-ruso: no hay duda jurídica alguna acerca de su soberanía sobre el sureste culturalmente ruso de su territorio y, por tanto, puede legítimamente oponerse a quien intente privarla de la misma. Bajo esta conclusión, cubierta por el Acta de Helsinki de 1975, se enmarca la notable declaración de Obama el domingo según la cual «no se puede permitir que Putin redibuje el mapa europeo salido de la II Guerra Mundial». Pero tal mapa solo ha sido ‘redibujado’ tras la guerra con el troceamiento de Serbia y la creación por la fuerza de un Estado, Kosovo, reconocido solo por la mitad de los Estados de la ONU y no por la otra mitad, España entre ellos. ¿Existiría Kosovo si su suelo no albergase la mayor base militar norteamericana fuera de su territorio, Camp Bondsteel? Moscú lo ha perdido casi todo con el fin de la URSS, se siente incómodo y humillado y por eso Berlín y París hacen muy bien en promover un desenlace pacífico, diplomático y europeo y en separarse del ala ultra norteamericana y, para decirlo todo, de algunos efluvios perceptibles en los juicios del comandante en jefe de la OTAN.

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