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Año de la vida consagrada

El Papa decidió que 2015 fuera el Año de la Vida Consagrada
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El Papa decidió que 2015 fuera el Año de la Vida Consagrada y en su carta al respecto decía a los religiosos algo que podría sorprender: «¡Despierten al mundo!».

Hay quienes piensan que quienes se consagran a Dios son personas no aptas para otras cosas, que huyen del mundo porque les supera en su complejidad y desafíos, como si fueran seres apocados que buscan refugio en su comunidad o en su encierro. ¿Cómo van a ser ellos quienes «despierten el mundo»?

Desconocen quizá la vida de muchos de ellos. Por citar ejemplos, el de santa Teresa de Jesús -de la que se celebra este año el quinto centenario de su nacimiento- es paradigmático. Nada de apocamiento. Precisamente el Nuncio la mandó encerrar en el convento de Toledo calificándola de «fémina inquieta, vagabunda, desobediente y contumaz…». En realidad su vida fue una combinación perfecta de acción y oración, sin que le faltara el buen humor. A un sacerdote que le hablaba de una novicia le decía: «Usted me hace reír diciéndome que ha comprendido a aquella alma sólo con verla. ¡No es tan fácil conocer a las mujeres!». En cuanto a san Juan de la Cruz, hijo de un pobre tejedor, antes de ser religioso fue aprendiz de carpintero, sastre, escultor, pintor y enfermero. Y si hubiera sido apocado no se habría escapado de la prisión en la que fue metido por la Inquisición de tu tiempo.

En su escrito a los consagrados, el papa Francisco les pide tres cosas: «Mirar al pasado con gratitud; vivir el presente con ilusión, y abrazar el futuro con esperanza». La gratitud hacia el pasado es un tributo necesario, a pesar de la incoherencia en que haya podido incurrirse «fruto de la debilidad humana o del olvido de aspectos esenciales del carisma». Los fallos han de llevarnos a todos a pedir perdón y a buscar la perfección pidiendo para ello la ayuda de Dios y sin fiarnos de nuestras simples fuerzas.

Otra idea del Papa que tiene especial fuerza plástica es que la Iglesia crece por atracción si sabe transmitir la alegría y la felicidad de la fe vivida en comunidad. Y a este respecto, lo que dice a los religiosos, es aplicable a todos los fieles, ya que todos vivimos en una comunidad que es la Iglesia, en la que hay muchos caminos, pero una misma meta. No somos peregrinos solitarios, sino solidarios, hacia la vida eterna en Dios.

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