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Aquí no vale todo

Cuando el fin del bipartidismo está cerca, los socialistas se lamen las heridas
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Las navajas vuelven a brillar en el PSOE. No dan tregua ni razón a quienes desde la nueva ejecutiva se empeñan en salir del atolladero. Si el despecho es un pésimo consejero, en esta ocasión los despechados están llegando demasiado lejos. Parecen ignorar que se cuentan a miles los ciudadanos que consideran que este país necesita un partido socialista vigoroso, saneado, que deje en la cuneta las cargas y consolide los aciertos. Porque aquí no vale todo. Como también se cuentan a grandes puñados los que defienden que el partido que reúne a la derecha española ha de conseguir, de una vez por todas, la limpieza y buen hacer que le reclama una muy amplia mayoría de sus votantes.

Que el PSOE recupere la práctica de la insidia, de las zancadillas, tiene a muchos votantes socialistas hartos. Hartos a decir basta. La nueva dirección, pulcramente elegida hace menos de cinco meses, no será perfecta, seguro. Su líder, Pedro Sánchez, tendrá tal o cual carencia. Desde luego. Pero si esta vez ganadores y perdedores no arriman el hombro, el socialismo español, que fue capaz de transformar este país, acabará siendo irrelevante.

El riesgo de que eso ocurra no está conjurado y hay ejemplos recientes que lo demuestran. El veterano Partido Socialista Italiano, fundado en 1892, se desmoronó como un castillo de naipes cuando la corrupción llegó hasta la cúpula. Y el Nuevo PSI, nacido hace siete años, continúa sin levantar cabeza. Así, que nadie se llame a engaño. Es mucho lo que está en juego.

Ya está bien de luchas cainitas. De merendarse a aquel que saca la cabeza. No es fácil ser profeta en tu propia tierra, ciertamente, pero si la familia socialista no se moviliza de forma solidaria para enderezar este país, la política se quedará en cueros. Los análisis basados en la dicotomía amigo/enemigo sobran. Recuerdan a los voceros de la derecha que descartan cualquier argumento «si viene de la izquierda».

Cuando el fin del bipartidismo está cerca, los socialistas despechados porque su equipo no consiguió ganar, se lamen las heridas. Descalifican a los actuales responsables por no avalar la reforma de la Constitución, pactada por PSOE y PP durante la canícula de agosto de 2013, que impedía políticas económicas expansivas. Olvidan que aquel pacto de despachos, ya no sirve, porque esas políticas expansivas ahora son imprescindibles.

El debate y la crítica deberían concentrarse en torno a si los partidos han de tener o no representantes en el órgano de control que los fiscaliza, el Tribunal de Cuentas. Si son adecuadas las propuestas fiscales de Pedro Sánchez. ¿Cómo habría que darle la vuelta a la reforma laboral de Mariano Rajoy. ¿Interesa que el PSOE concrete los contenidos de la reforma constitucional que postula? Todo, será mejor que las luchas cainitas.

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