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Arte de matar

No se sabe aún si era un lobo solitario o se había desmandado de la manada

Manuel Alcántara

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El atentado contra un club gay de Orlando, que se atribuye orgullosamente el Estado Islámico, ha causado 50 muertos, pero como sucede siempre, la cifra se verá alterada a medida que fallecen los heridos de mayor gravedad y algunos que creían que lo suyo no era nada de cuidado. El padre del autor de la matanza dice que su hijo odiaba a la comunidad homosexual y que le sentó muy mal ver cómo se besaban en la boca, apasionadamente, dos señores. Fue entonces cuando decidió el que es, hasta ahora, el mayor ataque perpetrado en EE UU desde el 11-S. Obama, que habla de «terrorismo y odio», no habla de yihadismo, para no poner las cosas peor de lo que están. En su país, las familias más pacíficas sólo tienen un arma de fuego y las más belicosas dos o tres, sin contar esos fusiles que disparan muchas balas por segundo y pueden adquirirse en cualquier comercio, a la vuelta de la esquina. Los estadounidenses están armados hasta los dientes, exceptuados los niños de pecho, ya que aún no les han salido. Hay sociedades de ‘Amigos del rifle’ y otra de íntimos. Algunos lo son únicamente de simpatizantes o de admiradores de los que matan. Ninguna, que se sepa, dice eso de «tristes armas si no son las palabras», pero por primera vez el presidente Obama se ha atrevido a hablar contra la facilidad para conseguirlas y la negativa republicana para controlarlas. La guerra está declarada sin necesidad de declaraciones de guerra.

No se sabe aún si este joven asesino era un lobo solitario o se había desmandado de la manada y actuaba por libre. Lo cierto es que llamó a la Policía antes de actuar y que era «muy religioso», contaminado por el fanatismo a través de internet. Los líderes religiosos son aún más temibles que los líderes políticos, aunque en los dos gremios prometen la felicidad para más adelante, cuando estén muertos los que morían matando para garantizarse una entrada de preferencia en el más allá. El papá del criminal Omar Siddique Mateen también es muy religioso, aunque no tanto. Su esposa asegura que le pegaba. No porque hubiera hecho algo mal, sino hiciera lo que hiciera. Para entrenarse.

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