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Opinion EDITORIAL

Así, no

Cuando parecía que la situación podía reconducirse, se ha tomado el peor camino. Así no habrá solución

 

Diari de Tarragona

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Concentración de apoyo a los miembros del Govern encarcelados. EFE

Concentración de apoyo a los miembros del Govern encarcelados. EFE

H oy es un día triste para Catalunya y para España. Es un día triste para todos los demócratas y para toda la gente de bien que considera que los conflictos deben resolverse con el diálogo y con el pacto. Es un día triste para la política porque ha sido incapaz de resolver un conflicto que se arrastra desde hace años, que ha dado síntomas crecientes de su gravedad y que, ante la impericia de nuestros gobernantes, ha terminado en manos del Código Penal. No cabía esperar peor solución. España dispone de una legislación muy dura a la hora de tipificar los delitos de sedición y de rebelión. Tanto rigor legislativo es fruto de una larga historia de asonadas y de un conflicto territorial que, a lo largo de la historia, no hemos sabido resolver. El Estado español ha querido blindarse en extremo a través del entramado jurídico para disuadir cualquier conato de pronunciamiento. En pleno siglo XXI, con una democracia teóricamente consolidada en el seno de Europa, la aplicación legislativa a través de una interpretación severísima de la Fiscalía, ratificada con un excesivo afán jurídico por parte de la jueza instructora de la Audiencia Nacional, han dado como resultado la orden de ingreso en prisión de la mayoría de miembros cesados del Govern. La situación, tan increíble como inimaginable, conduce a pensar, a los ojos de cualquier demócrata, que estamos viviendo un episodio anacrónico. ¿Estamos en el 2017?
Al margen de la gravedad que supone la privación de libertad, primer error que sería preciso subsanar con los resortes que contemple la ley, los políticos catalanes y españoles deben actuar de forma inmediata para buscar una solución a este estropicio. Ayer comenzaron a producirse concentraciones, manifestaciones y protestas callejeras que, es de prever, vayan en aumento. Y todo ello a poco más de un mes de una convocatoria electoral que, en estas condiciones, no se desarrollará con el sosiego debido. Cuando parecía que el conflicto podía reconducirse, se ha tomado el peor de los caminos. Así no es posible alcanzar una solución.

 

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