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Así se escribe y así se borra

Ahora se quiere quitar las calles a personajes que recordamos por sus obras
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La Historia, que es un juego de espejos retrovisores, nos cuenta una de las maneras en la que pudieron suceder las cosas, pero precisamente en la que sucedieron. El pasado es irreparable siempre y sólo la suerte o el alzhéimer pueden modificarlo, una vez descartado el perdón, que nos hace ver las cosas a otra luz. Ahora, el Ayuntamiento de Madrid, mejor dicho, sus nuevas autoridades, han abierto un debate sobre los símbolos franquistas que sobreviven en el callejero y han elaborado tres listas de personajes que deberán ser cribados por la corporación. No se trata únicamente de derribar arcos triunfales, que ya sabemos que las guerras civiles las pierden a la larga los dos bandos o, como decía Julián Marías, “los injustamente vencedores y los justamente vencidos”.

Lo que ahora se pretende, cuando hay 29 provincias en alerta por las altas temperaturas, es quitarles las calles a personajes que todos recordamos por sus obras. Pueden caer los rótulos de Agustín de Foxá, de Dalí y de aquel Séneca por naturales que fue Manolete. Somos así y no tenemos remedio.

Quizá sea la forma más segura de disminuir el paro ésa de contratar iconoclastas involuntarios. Por lo menos, supondrá una ayuda para el implacable ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, don Cristóbal Montoro, que está haciendo todo lo que los demás podemos hacer y se ajusta nuestros cinturones. A nadie le gusta la austeridad y menos si es involuntaria y pasa de ser una discutible virtud a un trágala, que era la canción con la que los liberales se cachondeaban de los absolutistas, allá por el siglo XIX, que está más lejos de lo que parece. Incluso Rajoy, que dicen que no tiene nervios, está a punto de perderlos y tema una coalición PSOE-Podemos, como la que ya se ha formado en comunidades y ayuntamientos, después de las municipales y autonómicas. Aún queda mucha Historia por escribir, pero lo sorprendente es cómo se borra.

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