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Autobús 4522 a Santa Bárbara

Es necesaria la madurez y recordar lo dicho, lo escrito y lo realizado por los que nos han precedido
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Pretendo que nadie acierte y sepa de que va el título del presente escrito. Por lo menos que le pique la curiosidad y siga leyendo para descubrirlo. No hay como forzar un tanto y que la gente se esfuerce para conseguir las cosas.

Mi objetivo es hacer recordar a los mayores y enseñar lo pasado a los jóvenes. Ambas generaciones pueden enriquecerse con ello. Es una tarea harto difícil, pero se ha de intentar. Habitualmente, los mayores nos relajamos y vivimos en un mundo de recuerdos, de nostalgias y cómo mucho nos hacemos planes a corto plazo. Los jóvenes, como debe ser, piensan que son únicos, son los que van y pueden cambiarlo todo, no están muy equivocados, pero es necesaria la madurez y recordar lo dicho, lo escrito y lo realizado por los que nos han precedido desde la remota Ebla, pasando por Egipto, Grecia, Roma, todos los que han ido escribiendo la Historia.

Entremos en materia. Me viene muy bien que el autobús del que hablo vaya dirección a Santa Bárbara. Se trata de una ciudad californiana que no llega a cien mil habitantes en la actualidad, fundada junto a una serie de ciudades con nombres de santos en tierras americanas por un mallorquín, fray Junípero Serra. Curiosidades de la Historia. Además, Santa Bárbara es la patrona de lo artillería, de los mineros y de los truenos. Nos acordamos de ella cuando truena y relampaguea. Así mismo, en el argot militar, marinero y de estas índoles, decir la santabárbara es hablar del polvorín. ¡Truenos, petardos, ruido, fuego!

Centrando la acción del título. Hay una gran película cinematográfica del año 1967 dirigida por Mike Nichols y que le valió el año siguiente el oscar a la mejor dirección por acoplar magistralmente a tres magníficos actores, Dustin Hoffman (Benjamin), Anne Bancroff (Sra. Robinson) y Katharine Ross (Elaine). Con estos detalles muchos ya sabrán que nos centramos en “El Graduado”. Excelente film en el que se refleja la hipocresía y la corrupción de la sociedad en la que vive un joven recién graduado. Sin trabajo y con una lángida perspectiva de futuro, activa el desaliento y la deriva de toda una generación. Muy interesante la visión de las dos generaciones que participan en el guión y una feroz crítica a una sociedad burguesa, aletargada y decadente.

Muchos dirán que se trata de la sociedad americana y los años 60, pero ¿acaso no somos nosotros meros imitadores de la sociedad americana, pero con años de retraso? Nosotros estamos ahora en similares circunstancias a las narradas. A nuestros jóvenes “graduados” (o no), la sociedad los ha llevado a formalizar unos estudios o una preparación que no pueden desarrollar y buscan soluciones que no llegan. La generación gobernante no activa soluciones para poder desarrollar la preparación a la que los jóvenes han sido entrenado. Solamente se escucha el silencio. En consecuencia se manifiesta una clara ruptura generacional. Los de la generación de los padres parecen que están en otra dimensión, en su silencio. No contactan, prometen, pero no realizan. Los máximos representantes están más por mantener el sillón, la silla o el taburete del materialismo, la hipocresía, anclados siendo incapaces de avanzar. Nuestros políticos como exponentes de esta generación quieren mantener su idiosincrasia, creyendo que lo que realizan es lo mejor, indudablemente para sus intereses.

No es de extrañar que ante estas circunstancias la generación más joven vea las cosas de diferente manera y se rebele contra los padres, al igual que Ben y Elaine. Es una respuesta muy razonable ante el silencio de los mayores. Su posicionamiento lo palpamos en la situación política que estamos viviendo. Una generación anclada en la tradición y la siguiente ilusionada por los cambios que les pueden ilusionar y romper el silencio de los que mandan.

No es nada nuevo. Como todo en esta vida es un nuevo ciclo. Un paralelismo lo podemos comprobar en la novela prohibida y quemada por los nazis Hermanos de sangre de Ernst Haffner. Jóvenes héroes y antihéroes en el Berlín del año 1932. ¡Hay que leerla!

En todo hay que saber buscar los detalles que te dan la clave. El ejemplo lo tenemos en las buenas películas, por las que no pasa el tiempo. En cada nuevo visionado se descubren nuevos detalles, nuevas frases o nuevas expresiones. Lo mismo podemos decir de los buenos libros. Son un enriquecimiento constante.

El graduado, la película que me gustaría que todos volvieran a ver, finaliza con Ben y Eliane huyendo de los padres (la generación del silencio) y subiendo al autobús 4522 (curioso que suman 13) dirección a Santa Bárbara. Sentados en la última fila del autobús (referencia a las luchas raciales norteamericanas) un primer plano nos muestra ambas caras llenas de felicidad, picardía y triunfo, seguramente soñando en un futuro juntos, mientras empieza a sonar la grandiosa canción de Paul Simon y Art Garfunkel “The sound of silence” (El sonido del silencio). ¡La de matices que tiene el silencio para la generación que emerge!

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