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Ayuntamientos, diputaciones y 'consells'

Los 'consells comarcals' sirvieron para acomodar a un buen número de incondicionales
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La campaña de las elecciones municipales va a arrancar ya, pero no están solo en juego los entes locales. Los resultados marcarán, aunque se hable que las extrapolaciones no son adecuadas, la evolución del debate político con gran incertidumbre, en vísperas de las elecciones catalanas y las generales, que podrán tener lugar el próximo mes de noviembre. Se ha dicho que constituirán una primera vuelta de las autonómicas del 27 de septiembre. Se pondrá claramente de manifiesto la continuidad o no del bipartidismo usufructuado hasta ahora y desde hace mucho tiempo por los populares y socialistas.

Pero ciñéndonos a las elecciones locales, todos sabemos que toca elegir a los alcaldes y regidores de nuestros ayuntamientos, pero lo que no saben muchos es que, al propio tiempo, también quedará concretada la composición de varias administraciones locales que se eligen por la rémora del sufragio indirecto. Se trata de las cuatro arcaicas diputaciones provinciales y los 42 Consells Comarcals, con el debut del Consell del Moianès, cuya creación fue acordada el pasado mes de abril por el Parlament de Catalunya, tras celebrarse en el mes de marzo una consulta popular, por supuesto autorizada, donde sus habitantes ratificaron la nueva comarca catalana.

También hay que mencionar el Área Metropolitana de Barcelona, que gestiona importantes competencias en materia de urbanismo, transporte público, red de suministro de aguas y de servicios de autotaxis.

En el año 2011 Convergència i Unió (CiU) alcanzó la mayoría absoluta en las Diputaciones de Tarragona, Lleida y Girona, y por primera vez en la historia se hizo con la presidencia de la Diputación de Barcelona, después de que contra todo pronóstico, el famoso tripartito autonómico perdiese la mayoría que ostentaba hasta entonces. En un primer momento, CiU y PP gobernaron juntos, aunque el debate soberanista y el giro independentista de la federación nacionalista forzó la ruptura y la coalición CiU ha continuado gobernando en minoría.

Las diputaciones han dejado de ser, desde el mismo momento en el que entró en marcha la configuración autonómica, órganos clave en el ámbito local. Pero claro, albergan un importante número de afiliados políticos, de suerte que el PP preconizó su desaparición, para pasar descaradamente a apoyar su permanencia cuando sus bancadas se llenaron, a nivel nacional, en las últimas elecciones, de un buen número de abnegados militantes con importantes prebendas por la prestación de sus discutibles servicios a la comunidad.

Pero los planes actuales de Convergència y de Esquerra pasan porque las diputaciones alberguen para su potenciamiento oficinas de recaudación tributaria, colaborando estrechamente con la futura Hacienda catalana, una de las nuevas Estructuras de Estado, que ambos partidos están organizando para la nueva vertebración económica de Catalunya.

Y en cuanto a los 42 Consells Comarcals de Catalunya propiciados, en su origen, por la coalición Convergència i Unió, cuando los socialistas catalanes ostentaban mayormente el poder en otros órganos, sirvieron para acomodar ventajosamente en su estreno a buen número de incondicionales militantes pero, actualmente, su futuro pasa nuevamente por el sufragio indirecto, que todos los votantes en las próximas elecciones locales determinarán sin apenas saberlo.

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