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Balances

Lo que hasta ahora no está proscrito son los regalos de lujo a los políticos
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Los que no tienen nada que hacer y los que tienen mucho tiempo para hacerlo, ya que el año está dando sus primeros pasos planetarios, se dedican a hacer balance. No saben que se equivocan. Aunque no lleven un doble libro de contabilidad y aunque no cometan errores, ya que el error es hacer balance. Del dicho al hecho va un gran trecho, pero hay una distancia más grande de lo pintado a lo vivo. El presidente Rajoy, después de detallar su programa, que mereció la aprobación aritmética de los votantes, decidió no cumplirlo. Nadie en las últimas épocas ha incumplido más promesas, pero también es cierto que ninguno hizo tantas. Todo político es un servidor, más o menos humilde, de los acontecimientos, pero sus discursos envejecen más aprisa que los calendarios. Si hacemos balance de sus ofertas, lo más asombroso es que mucha gente se las creyera.

Quizá no llevara razón el gran Saramago cuando definió al ser humano como un animal inconsolable. Al señor Blesa y a su cúpula, también llamada banda, le han servido de consuelo los millones de euros que cobramos de forma ‘irregular’, que es un sinónimo de la injuriosa palabra robar, que el diccionario define como para tomar para sí lo ajeno, y no siempre exige violencia. En estos momentos iniciales del año abundan los recuentos y hay una curiosidad desinteresada pr saber quiénes son los doscientos compatriotas más ricos, liderados por Amancio Ortega, que encabeza el ránking con 43.270 millones de euros. ¿Dónde se quedan a su lado los altos cargos de Caja Madrid que pactaron gratificaciones, indemnizaciones y otras cuestiones? Lo que hasta ahora no está suficientemente proscrito son los regalos de lujo a los políticos, ya que regalar es una forma de practicar «la elegancia social» y además se ha hecho costumbre, como reconoce Rita Barberá, de la que se afirma que admite hasta arroz. No debe preocuparse doña Rita porque nadie le va a quitar lo que le dieron sus admiradores. Lo que no se sabe es para qué quiere tantos bolsos. Mejor es no hacer balance ni hablar de balanzas.

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