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Basta de localismos

El tercer carril no es una demanda del Port de Tarragona ni el apeadero de Bellissens un capricho de los reusenses
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El desdoblamiento del tramo Vandellòs- La Secuita encara su etapa final con veinte años de demora y un sabor más agrio que dulce, porque de momento no hay fecha para el ancho internacional. Lo que ha pasado en estos 58 kilómetros de vía es un auténtico cúmulo de despropósitos y de improvisación que aún no ha acabado. Inicialmente se había hablado de una doble vía en ibérico. Cuando se incluyó el Corredor del Mediterrani en la Red Transeuropea de Transportes, de la noche a la mañana se pintó en el mapa en UIC. Y finalmente solo tendrá un tercer carril en una de las vías, sin que haya un calendario.

Aunque las intenciones de Madrid las conoceremos pronto. El Ejecutivo de Mariano Rajoy presentará en escasas semanas unos presupuestos generales del Estado que deberán poner negro sobre blanco sobre las inversiones más inmediatas. De entrada no se espera que Catalunya salga muy beneficiada, por lo que Tarragona –refiriéndome a la demarcación– debería tener muy claras sus prioridades e intentar que sean realistas y de todos.

El tercer carril no es una demanda del Port de Tarragona o del sector químico. También es una solución para que los reusenses lleguen a Barcelona en menos de una hora de viaje. El apeadero de Bellissens no es un capricho de Reus, es también la manera para que los tarraconenses puedan ir a la universidad en tren. La lista podría eternizarse con el desdoblamiento de la N-340 o la continuidad de la A-27 más allá de Valls.

El resultado de ir cada uno a lo suyo ya lo hemos visto. Tarragona ciudad perderá convoyes muy pronto, cuando los Talgo y Euromed pasen por la estación de La Secuita. Reus tendrá en Cambrils su estación de referencia en el Corredor del Mediterrani.

Basta ya de mirar estrictamente lo que pasa en los límites territoriales de cada municipio. Es momento de que alguien se ponga al frente y que defienda los intereses de un territorio que necesita pensar como área metropolitana. Estas comarcas necesitan dejar de lado unos localismos que no tienen eco más allá de las cuatro paredes de una ciudad.

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