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Bipartidismo superviviente

La democracia es plena cuando el ciudadano puede optar entre dos caminos distintos
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Tras muchas cábalas sobre el fin del bipartidismo, las elecciones andaluzas han arrojado un resultado bastante concluyente que desmiente la pretendida crisis existencial del bipartidismo imperfecto que ha caracterizado a la etapa democrática desde 1982: los dos grandes partidos, PP y PSOE, han conseguido conjuntamente 80 escaños de 109 y un porcentaje de más del 62% de los votos emitidos. De momento, no parece que el régimen que pivota sobre dos las grandes opciones ideológicas esté en verdadero peligro, aunque sea innegable la pujanza de las nuevas opciones.

Se dirá que Andalucía es un ámbito singular y que en todo el Estado español las cosas son diferentes. De hecho, en las elecciones europeas de mayo del año pasado PP y PSOE apenas alcanzaron el 50% de los votos. Quizá estemos en puertas, efectivamente, de un cambio sustancial, pero difícilmente desaparecerá la tendencia hacia el bipartidismo que ha regido desde la propia transición, con mayor o menor presencia de minorías. Y ello, por dos razones:

En primer lugar, porque el actual sistema de circunscripciones provinciales vinculado a la ley d’Hont prima extraordinariamente a las dos primeras fuerzas del ranking electoral y castiga a todas las demás, por lo que los dos partidos mejor situados tenderán a volverse hegemónicos en virtud del criterio del voto útil.

En segundo lugar porque, dígase lo que se diga, en este país existe una clara confrontación entre opciones ideológicas antagónicas que simplificadamente responden al esquema derecha-izquierda. Frente a quienes quieren estimular la iniciativa individual y la autonomía personal, otros tratan de reforzar los servicios públicos. Frente a los que consideran que bajar impuestos es apostar por el desarrollo y el progreso, otros piensan que sin unos ingresos fiscales suficientes el Estado no cumpliría con sus fines y la sociedad se volvería una jungla.

En definitiva, con el modelo que nos hemos dado, podrán periclitar los partidos y ser sustituidos por otros pero siempre habrá dos opciones principales en pugna, cuya dialéctica nos resultará enriquecedora y creativa. Y es que la democracia es plena cuando el ciudadano puede optar entre dos caminos distintos de futuro.

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