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Borrachera de coronavirus. El mercado ilegal de alcohol en Sudáfrica y México se dispara

Una prohibición exitosa. La lógica para la ley seca en tiempos de Covid es simple: sin alcohol se liberan camas en los hospitales, que en caso contrario se ocupan por peleas de bar, agresiones domésticas, accidentes, ...La mirada

Lali Cambra

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Borrachera de coronavirus. El mercado ilegal de alcohol en Sudáfrica y México se dispara

Borrachera de coronavirus. El mercado ilegal de alcohol en Sudáfrica y México se dispara

Un amigo desde Ciudad del Cabo comenta que llama desde un café, camino a la licorería, a aprovisionarse, por si acaso, que nunca se sabe. Las noticias sobre la evolución del coronavirus en Sudáfrica no son alentadoras (sexto país en el mundo en número de casos) y aunque parece que van mejor, a saber si van a resucitar la prohibición de la compra de alcohol y tabaco, en práctica durante casi cinco (¡!) meses de confinamiento allá. Las ganas de volver a la normalidad de la bebida era tal que cuando las licorerías pudieron abrir de nuevo hasta pasacalles se organizaron. Si muchos aquí ya vivieron el confinamiento como un purgatorio, la sola contemplación de pasarlo sin cerveza, vinazo, gin-tonics y nicotina sería para ellos equiparable sin duda a un infierno, sin más. Así que, si en algún momento nos vemos obligados a un segundo confinamiento, para esos muchos tal vez ayuda pensar en la ley seca en otros lares, con un vermú en la mano. De nada. Para que luego digan que el periodismo no es un servicio público.

La lógica para la prohibición en Sudáfrica es simple: evitar el consumo excesivo de alcohol propicia liberar camas de trauma en los hospitales, que en caso contrario se ocupan como consecuencia de peleas de bar, abusos y agresiones domésticas, accidentes diversos, etc. Se estima que el alcohol es factor desencadenante del 40% de los ingresos de emergencia en hospitales allá. Según los análisis, fue un éxito y los hospitales dispusieron de las camas y personal que necesitaban (de sobras) para atender a aquellos que lo requirieran en el pico de casos por Covid. Los técnicos que optaron por la prohibición apuntan además que las borracheras de fin de semana (o de a diario) son un factor de transmisión del virus y, además, el alcohol debilita el sistema inmune. La misma lógica se siguió en algunos países vecinos y también Kenia restringió el consumo de alcohol. Claro que de igual manera se despertó entre la población un súbito fervor, -similar al de aquí por la levadura-, por la compra de piñas (fermentan rápido) y por la obtención de recetas para hacer licores caseros de sorgo o de maíz, cuyos autores se convirtieron en influencers de inmediato en redes sociales y youtube.

Muertos por consumo adulterado

Destilados caseros de caña de azúcar (entre otros muchos) son los que se elaboran tradicionalmente en algunas poblaciones de México, que también vio cómo se prohibía la venta de alcohol en algunos Estados y municipios, incluso de la propia capital. La producción de cerveza en el país se vio afectada y se registraron más de un centenar de muertes por consumo de líquidos de contrabando adulterados con metanol. La pandemia llegó para desestabilizar hasta el mercado ilegal de alcohol, también. Y para enriquecerlo, tanto en México como en Sudáfrica, donde se calcula que hay al menos cien mil vendedores irregulares de alcohol y cigarrillos.

Los más críticos con estas medidas, -además de los directamente afectados, como los productores y propietarios de licorerías-, arguyen que, de hecho, se ahonda en la desigualdad existente en estos países con medidas injustas: los que tienen dinero pueden aprovisionarse, mientras que los pobres no, que se ven abocados a abastecerse en el mercado negro, que puede ser peligroso y donde, además, los precios son más elevados.

México es el principal exportador del mundo de cerveza y del sector dependen 50.000 empleos directos. Los precios de las chelas (cervezas) aumentaban al tiempo que menguaban las reservas de los barriles, dado que la producción de cerveza no fue considerado servicio esencial, lo que podría ser categorizado por muchos como anatema directamente. Curioso, se mantuvo la producción solo para seguir alimentando la exportación a su vecino del norte. Lo que viene a ser un clásico: México sigue satisfaciendo las adicciones de los Estados Unidos. Al aguacate, al alcohol o a los narcóticos.

Con toda certeza, no se detuvo la producción de heroína, metanfetamina o fentanilo que luego cruza la frontera a una velocidad que hace palidecer a cualquiera si se compara con los meses de espera en México que encajan migrantes y peticionarios de asilo para llegar, -si llegan-, a Estados Unidos. En 2019 el fentanilo (opio sintético) solito se cobró 36.500 muertes allá.

Así se robustece el Cartel de Sinaloa, entre otros varios del catálogo cartelero variopinto mexicano, mientras que el presidente Trump, de una tacada, exagera en su mensaje «el peligro» de la migración, miente sobre su gestión de la Covid (país con más número de casos), resucita el fantasma del comunismo (¿?!), e incita en el país tensiones sociales inéditas en décadas, con no pocos analistas alertando sobre la deriva fascistoide más que obvia de su gobierno.

A dos meses de que se «celebren» elecciones allá, no serán pocos los que agradezcan poder bebérselo todo hasta noviembre y despertar, con mucha suerte, sin resaca de Trump. Como si no hubiera mañana.

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