Opinion El mirador

Brotes de vergüenza

Los rebrotes de coronavirus están sacando a la luz realidades que creíamos superadas en estos tiempos y en nuestra primermundista Europa

ÁLEX SALDAÑA

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ÁLEX SALDAÑA

ÁLEX SALDAÑA

Los rebrotes de coronavirus están sacando a la luz realidades que creíamos superadas en estos tiempos y en nuestra primermundista Europa. Sucedió en Alemania, cuando los contagios en una importante industria cárnica pusieron de manifiesto las precarias condiciones laborales, higiénicas y de vida en general de los trabajadores, la mayoría llegada de países del este. Y el confinamiento que ha decretado la Generalitat para la región sanitaria de Lleida, que ayer mantenía activos nueve brotes de coronavirus, la mayoría de ellos relacionados con empresas agroalimentarias u hortofrutícolas, ahora en plena campaña de recogida, ha dejado al descubierto las duras condiciones en las que viven los trabajadores temporeros de origen foráneo, protagonistas de la mayor parte de los ingresos hospitalarios. Muchas de estas personas duermen al raso o hacinadas bajo techos sin las mínimas medidas de seguridad y distancia, factores que desde luego no favorecen el control del virus. La vida de estas personas depende de su trabajo diario, por lo que es complicado que mantengan las cuarentenas –no trabajar una jornada supone para ellas no comer ese día– y es difícil identificar sus contactos. La situación no es nueva ni puede cogernos por sorpresa. Ya en los primeros días de la temporada de recogida de la fruta se alertó de este problema, e incluso un futbolista de origen senegalés puso el foco en las pésimas condiciones de vida de este colectivo y pagó las estancias en hoteles de 80 temporeros, no sin tener que solventar dificultades previas, ya que varios establecimientos se negaron a aceptarlos como clientes. Vergonzoso. Pero aquí seguiremos prefiriendo mirar hacia otro lado.

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