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Calcula tu porcentaje de ‘estupidez social’

De las 42.000 denuncias trimestrales por violencia machista, se incoan un 23% de órdenes de protección y se adoptan sólo un 16%

ROSA CASAS

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Calcula tu porcentaje de ‘estupidez social’

Calcula tu porcentaje de ‘estupidez social’

Einstein decía que hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana, y que de lo primero no estaba seguro.

Las personas damos por válidas creencias absurdas de un sistema altamente estúpido que emergen del establishment social para mantener un orden social injusto y enfermo. Que las pocas personas privilegiadas por esas creencias las integren es razonable, estúpido pero razonable. Que las integren las personas que son perjudicadas por ellas es devastador para sus propias vidas, por eso es importante darse la oportunidad de valorar el porcentaje de estupidez social arraigada en nuestras creencias y empezar a reflexionar sobre ellas. Por este motivo he creado esta batería de preguntas a las que solo has de responder «sí» o «no».

-¿Crees que hombres y mujeres son iguales?

-¿Crees que los hombres tienen más capacidad para la robótica, ingenierías y oficios y las mujeres tienen más capacidades para el cuidado de los demás?

-¿Crees que el sistema favorece a las mujeres que están en situación de violencia?

-¿Crees que las mujeres denuncian falsamente?

-¿Crees que las mujeres ejercen violencia psicológica y los hombres violencia física?

Para calcular el porcentaje de estupidez utilizaremos la siguiente fórmula: cada respuesta afirmativa suma 20% de estupidez social.

Procederé a continuación a aclarar los diversos puntos para aquellas personas que después de darse cuenta de su «estupidez social» aún sigan leyendo.

Hombres y mujeres no son iguales, no lo son tampoco hombres entre hombres ni mujeres entre mujeres. La igualdad es un derecho. Las mujeres tienen derecho a tener las mismas oportunidades y el mismo valor que los hombres. Al confundir este derecho con el «ser iguales» desvirtuamos el concepto y por eso se da la confusión.
Los hombres y las mujeres no tienen capacidades diferentes por el mero hecho de ser hombres y mujeres, las tienen porque su aprendizaje ha sido dirigido. Por este motivo encontramos más hombres en ingenierías y oficios y más mujeres en el ámbito social, limpieza y cuidados. Sólo hay que observar los juguetes dirigidos a cada sexo, los deportes dirigidos a cada sexo, y los personajes masculinos y los femeninos de cuentos, dibujos, películas y series de TV.

Los roles de género se construyen para mantener el orden social machista, y las personas adiestradas en este sistema integramos esa dualidad y la damos por válida, por natural, lo que no significa que lo sea. Quedan desmontadas pues las afirmaciones a las preguntas 1 y 2.

Respecto el tema de las violencias machistas aportaré unos datos extraídos del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género del Consejo General de Poder Judicial (CGPJ). De media se presentan unas 42.000 denuncias trimestrales, de esas 42.000 aproximadamente se incoan un 23% de órdenes de protección y se adoptan sólo un 16%. 35.000 mujeres quedan desprotegidas. El sistema no favorece a las mujeres.

Prosigamos, de las 42.000 denuncias, llegan a juicio penal -unos dos años más tarde- sólo el 19% y resultarán condenatorias solo el 10,7%. Da para reflexionar. 
Algunos creerán, en base a estos datos, que las mujeres denuncian falsamente, porque la mayoría de las denuncias acaban archivadas y la mayoría de los hombres acaban absueltos.

De las 42.000 denuncias, llegan a juicio penal, unos dos años más tarde, sólo el 19% y resultarán condenatorias solo el 10,7%. Da para reflexionar

Otras, las que nos dedicamos profesionalmente a analizar las violencias machistas y entre ellas la violencia institucional, no creeremos lo que nos dicen y concluiremos que el sistema ejerce violencia sobre las mujeres porque integró la creencia de que la mayoría de mujeres mienten, justificando así praxis violentas y hostiles hacia ellas. También concluiremos que un sistema que nos perjudica no puede tener instituciones que nos comprendan y nos protejan, y que las personas que reproducen el sistema de creencias machistas también son las que nos juzgan y las que supuestamente han de defendernos o ayudarnos. Por eso las instituciones del sistema son tan violentas con nosotras como el propio sistema, como no podía ser de otra manera, y eso sí es lógico y razonable, y también altamente estúpido y peligroso. Quedan desmontadas aquí las afirmaciones a las preguntas 3 y 4.

A más abundamiento, de las denuncias presentadas un alto porcentaje son denuncias por violencia emocional y psicológica, amenazas, coacciones, … desmontando así la respuesta afirmativa a la pregunta 5 y el mito que impregna nuestra creencia sobre que los hombres «pobres» es que no controlan sus impulsos físicos pero que no lo hacen de «mala fe», que las mujeres para eso somos peores y que maltratamos psicológicamente.

Los hombres se saben con derechos de ultraje a las mujeres legitimados por este sistema machista de alta estupidez social. Ejercen ese privilegio, porque se lo permiten: aprenden que violentar a las compañeras es un «juego de niños», menospreciarlas, insultarlas, empujarlas, tocarlas, es divertido y nunca pasa nada. Los espacios comunes se vuelven escenarios hostiles donde ellas aprenderán a aguantar esa violencia y, por supuesto a normalizarla. Y luego nos extraña que mujeres adultas aguanten violencia. ¡Cuánta hipocresía! 

Las mujeres estamos condenadas de por vida a la violencia machista desde que nacemos. Cambiar esta condena depende de todas y cada una de las personas que alimentan esas falsas creencias con justificaciones necias. Cada quién decide si ser cómplice de este sistema o, por el contrario, colaborar con el cambio. 

La violencia nunca se justifica, se rechaza y se combate para erradicarla. No lo permitamos más. Tú decides tu grado de estupidez social.

* Antropóloga, feminista y educadora social. Rosa Casas es trabajadora social,
cofundadora de la Asociación DHIDES, Mujeres y Hombres por la Igualdad y el Desarrollo, formadora en igualdad y mediación, profesora asociada de la Universitat Rovira i Virgili (URV) de asignaturas de género y ocupación.

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