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Calle Me falta un tornillo

ÁLEX SALDAÑA

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Calle Me falta un tornillo

Calle Me falta un tornillo

Estos días me he reído con ganas gracias a un mensaje de WhatsApp que me invitaba a buscar la ubicación de la tienda de Ikea de Valladolid: Calle Me falta un tornillo. Sí, sí, es verídico. Cuando la empresa sueca compró el terreno para levantar su tienda propició una votación on line para decidir el nombre de la calle. Más de 1.000 personas participaron en la encuesta y eligieron «Me falta un tornillo» (54,3% de los votos) por delante de otras opciones –«Como en casa, nada» o «Del abrazo en el sofá»–.

Desde luego, el nombre va que ni pintado, toda vez que se trata de una expresión que a buen seguro habrán dicho alguna vez muchos de los clientes de Ikea. Pero no es la única calle de España con un nombre singular. En Fresnedillas de la Oliva (Madrid) existe la carrera del Pito del Alcalde –y no me pregunten por qué–.

Quizá con más sentido –literal– está puesto el nombre de una de las cuestas más empinadas de El Ferrol, que no pretende engañar a nadie: la calle Rómpete el Alma. O la calle más corta de Pamplona, que se llama Salsipuedes. Y es que, una vez dentro, no pretendan salir por el otro lado, pues no hay más salida que la propia entrada. Y no faltan lugares que mueren de éxito, como la calle Bésame en esta esquina, en Rota, Cádiz, que las autoridades tuvieron que suprimir porque los vecinos ya no aguantaban más tanto beso y tanto jaleo. No estaría mal que el Ayuntamiento de Tarragona se sumase a este tipo de iniciativas y realizara una consulta con los nombres más apropiados para algunas calles.

Por ejemplo, la que acoge el parking ‘inteligente’ Jaume I. Estoy seguro de que daría mucho juego y, quién sabe, al final igual ganamos un atractivo turístico.

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