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Cambiazos

Cuando era niño me quedó grabada una frase que le oí a un señor mayor: «Todos roban. Para que roben los de siempre, mejor que roben estos otros». ¿Les suena?
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Cuando era niño me quedó grabada una frase que le oí a un señor mayor: «Todos roban. Para que roben los de siempre, mejor que roben estos otros». ¿Les suena? Más o menos, ésa ha sido, hasta hoy, la pauta en este país (y que cada uno le ponga las fronteras donde quiera, que aquí no se escapa nadie). La cultura de lo inevitable, del «siempre ha sido así» y del «no se puede cambiar». El mal menor, el loco conocido. El «y tú más» hasta el infinito. Y así sigue, «salvo algunas cosas». (La cita es de Mariano Rajoy Brey, el señor al que le gustan los catalanes «porque hacen cosas». El señor de las cosas).

La cosa es que así fuimos tirando por décadas, mitificando una Transición que los menores de cuarenta años ni olimos (y no digamos ya lo de votar la Constitución, que el más joven tendrá hoy 55 años), resignándonos a lo inevitable. Pero resulta que casi siete años de Gran Recesión nos han cambiado más que casi cuarenta de Monarquía Constitucional. Lo que siempre había sido ya no es, y no será. Le llaman la ‘nueva normalidad’. Nos vendieron austeridad, control del gasto, esfuerzo fiscal, «más con menos»... y lo compramos.

Hasta que empezamos a pensar si no sería lógico que, quienes nos habían machacado con lo de ‘reinventarnos’, hiciesen también algún gesto por su parte. Algunos ciudadanos empezaron a verse la cara de tonto en el espejo, y eso no suele gustar. La democracia de baja calidad heredada y aceptada como mal menor huele a caducado. En menos de tres semanas veremos algo. Lo de la fiesta de la democracia, y tal. Veremos si en esa fiesta se cuela algún invitado realmente incómodo o se impone (de nuevo) la máxima de Il Gattopardo. Ya saben: «Cambiarlo todo para que nada cambie». Es decir, otro cambiazo.

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