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Cambrils unido contra el terrorismo

Sentí vergüenza de ver cómo se manipulaba la manifestación de BCN

Patricia de Miguel

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Siempre pasa. Cuando tienes algo muy al alcance de tu mano, inevitablemente acabas por no darle la importancia que merece. «Qué suerte tienes, que vives en la playa». No sé cuántas veces habremos escuchado esta frase todos los que vivimos aquí, sobre todo los que trabajamos en el sector servicios, que somos quienes menos la pisamos. Pero los atentados terroristas sufridos en Barcelona y Cambrils han removido en nosotros un sentimiento que quizá algunos teníamos aletargado. 

Ahora, doy más paseos que antes, me apetece más que nunca el olor a mar, el crujiente sonido de las maromas sujetando los barcos atracados en el puerto, la visión inigualable de un atardecer rosado en el paseo de las Palmeras, el sabor de un arroz con galeras, el roce de la brisa marina en la cara. La villa de Cambrils satisface los cinco sentidos de todo aquel afortunado que la visita. Es de los mejores lugares del mundo, no exagero. Si nunca han estado en Cambrils, les invito a visitarnos. 

Pero ahora, además, existe un nuevo sentimiento generalizado: el orgullo. El día 25 de agosto Cambrils se manifestó contra el terrorismo. 16.000 almas se concentraron en el puerto para gritar bien alto «No tinc por» y rechazar los atentados de Cambrils y Barcelona. Bueno, 16.000 mil más una; me gusta pensar que Ana María Suárez, que en paz descanse, también estaba con nosotros. 

La manifestación fue lo que debía ser: un encuentro por la paz con un objetivo común, sin importar las siglas ni la ideología de nadie. Sin banderas y sin símbolos, y si los hubo, nadie los vio. Veintiún concejales de siete partidos políticos distintos fuimos capaces, por unos días, de aparcar todas nuestras diferencias y ‘hacer piña’ porque sabíamos que era nuestro deber. La ocasión lo merecía. El terrorismo debemos combatirlo entre todos. 

Por eso, cuando el día 26 estuve en la manifestación de Barcelona, sentí vergüenza de ver cómo se usaba la manifestación como una campaña política a favor de una consulta ilegal. A estas alturas ya se ha dicho todo lo que se tenía que decir sobre la bajeza moral de la minoría separatista procesista, insensible al dolor ajeno. No era el momento y no era el lugar. Así que, desde Cambrils, les voy a enviar un mensaje: Aquella tarde, ‘Barcelona no fuimos todos’ (#totssombarcelona). Ustedes, los de las pancartas y las esteladas, los que pitaban, insultaban y rompían carteles de rechazo al terrorismo porque estaban escritos en castellano, ustedes, no estuvieron a la altura.

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