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Canciones de ayer, de hoy y de siempre

La letra de la canción 'Revolution' le causó a Lennon duras críticas de los 'círculos activistas'

Alfredo Álvarez Alcolea

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Víctor Manuel, conspicuo militante de la Izquierda, cantaba en 1983 que alguien, al que no nombraba, le dejase en paz. ¡Déjame en paz!, le decía, que él no se quería salvar, temiendo que el Curador le dejase peor, ya que en el infierno no estaba tan mal; que no necesitaba un tutor; que no le prometiese salvación; que nadie aspirase a pensar por dos, por quinientos o un millón; y que de lo único que había necesidad era que quien nos gobernase fuese legal.

En estos días coloreados de rojo, morado, naranja y azul, y otros colores más desvaídos, ese alguien, al que no nombro, a lo que parece, de nuevo se ha hecho carne de político y ha vuelto a habitar entre nosotros. ¡Dios nos salve, María! Y me he acordado de la canción de Víctor Manuel. Y me he sonreído al pensar que es un verdadero bumerán que puede –debería– acabar rompiéndole los dientes de la conciencia a la izquierda de cuya boca salió.

Hoy, como ayer y –¡ay, dolor!– como mañana, domina la escena política un Redentor que dice tener la solución para sacarme del error en el que vivo; me vende el favor de sacrificarse y pensar por mí, disponiendo lo que debo o no creer; y, en su afán por salvarme, se sirve de cualquier brutalidad –menos mal que sólo ideológica– y echa la historia para atrás en nombre de la libertad. ¡Se me ablanda el corazón! Demasiados desvelos se toma por mí ese Liberador cuando sólo tengo necesidad de que quien me gobierne sea legal, entendiendo por tal al justo y cabal, al honesto, competente, con sentido común y que me deje leer, pensar, creer, escribir y hablar con entera libertad.

Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, o sea CRAG, conspicuos militantes de la libertad a secas, cantaban en 1974 –año mucho más difícil que el antes citado– que un Señor Azul (sí, era señor y no señora, escuchen bien la letra), desde la cima de su dignidad, sin contemplación alguna y con olímpico desdén, les imponía –o quería hacerlo– su terca voluntad, y con su opinión medirles a ellos su criterio.

En estos días coloreados de rojo, morado, naranja y azul, y otros colores más desvaídos, ese Señor Azul, que actualmente tira a morado que apesta, a lo que parece, de nuevo se ha instalado en la barrera de la plaza y desde ella vuelve a ver toros que no son y parecen ser. Y me he acordado de la canción de CRAG. Y me he sonreído al pensar que, como se lee en el pseudo Mateo 25:34, «los regímenes políticos y los gobernantes pasarán, pero esa canción no pasará».

Hoy, como ayer y –¡ay, dolor!– como mañana, domina la escena política un Criticón que no puede apreciar el color de la cuestión; su alarde de saber es sugestión; confusión su realidad; y sin talla alguna de profesional de la gobernanza de los pueblos, en su corazón está la mediocridad. ¡Qué lástima me da! Sé de su intención y que la frustración le hace obrar así.

Y cerraré este nostálgico concierto complaciendo una simpática petición, con una canción de The Beatles: Revolution (sin número añadido, no confundir con Revolution 1 ni con Revolution 9). Año 1968, bastante más convulso que 1983 e incluso que 1974. Compuesta en su integridad, letra y música, por John Lennon (¡con lo que era!): «Todos deseamos cambiar el mundo / pero cuando hablas de destrucción / entérate de que no puedes contar conmigo. / Dices que tienes una buena solución, / pero ¿sabes? / a todos nos encantaría conocer tu plan. / Si quieres dinero para la gente con la mente llena de odio, / lo único que te digo, hermano, es que tendrás que esperar. / Dices que cambiarás la Constitución. / Vale, pero ¿sabes? / a todos nos encantaría cambiar tu cabeza. / Me dices que es la Institución, / pero ¿sabes? / mejor libera tu mente. / Si sigues llevando retratos de Mao / no conseguirás nada de nadie.»

Esta letra (fiel pero mal traducida, ya lo advierto) le ocasionó a Lennon duras críticas de los ‘círculos activistas’ de la época. Se defendió de ellas, andando el tiempo, en una entrevista concedida a Playboy Press en septiembre de 1980: «Si queréis derribar algo en nombre del marxismo o del cristianismo, quiero saber lo que haréis después de que todo esté demolido. No contéis conmigo si hay violencia. Tampoco estaré en las barricadas si no es con flores».

Lástima que Mariano Rajoy, nacido en 1955, encenegado desde la tierna cuna en el abstruso –y aburrido– temario de oposiciones a Registros, no escuchase la música de su tiempo. Lástima que Pedro Sánchez, nacido en 1972, y que Pablo Iglesias, que le siguió en 1978, no llegaran a ella. Y lástima que Albert Rivera, nacido en 1979 pero asiduo escuchador de oldies, sólo haya obtenido 40 escaños.

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