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Carmena, Colau y las expectativas

Barcelona y Madrid vuelven a rivalizar otra vez. En esta ocasión por una nueva forma de hacer política de la que se espera mucho
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Barcelona y Madrid vuelven a rivalizar otra vez. En esta ocasión no por la Liga o la Champions sino por una nueva forma de hacer política de la que se espera mucho y se sabe poco. Manuela Carmena y Ada Colau son dos de los símbolos de los gobiernos de cambio que se constituyeron ayer en algunas de las ciudades más importantes y pobladas de España. Unos gobiernos sobre los que están puestos todos los focos y cuyo principal reto está precisamente en la gestión de las expectativas. Hasta ahora, a sus votantes no les ha importado su inexperiencia en la gestión. Por encima de ello han valorado su compromiso con causas transversales, banderas y luchas sociales como los desahucios que clamaban al cielo, estaban sacudiendo conciencias y movían a la acción, a vivir y sentir la política de nuevo. Han convencido porque en lugar de obedecer o repetir consignas han pasado a crearlas, transformarlas y abanderarlas. Han vencido porque se han ganado el respeto y la admiración. Su reputación ha pesado más que su trayectoria política.

Pero lo más difícil viene ahora. Ambas están llamadas a configurar un inusual puente aéreo de la nueva política, sumar nuevas energías a la gestión de lo público y encauzar los desequilibrios derivados de la crisis.

Tras el tiempo del hablar y prometer de la campaña electoral, llega el tiempo del hacer, de concretar la voluntad de cambio, de pasar de las palabras a la acción, de gestionar la complejidad de la Administración y de aprender a gobernar para todos. El reto es mayúsculo: dar respuesta, en un contexto enormemente complejo, a una oleada de expectante, exigente e ilusionada convicción de que las cosas pueden hacerse de otra manera. De que los ciudadanos no son simple público, audiencia o carne de autobús, sino protagonistas, sujetos. De que la política no debe tener como principal objetivo la destrucción y descalificación del adversario sino resolver los problemas de la gente. En definitiva, grandes esperanzas, enormes responsabilidades.

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