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Carreteras peligrosas

¿Cuántas personas más deben morir para que el Ministerio de Fomento entienda la urgencia de convertir en autovía la N-340?
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Las infraestructuras de Tarragona distan mucho de ser las que una provincia como ésta merece. Con una estación de AVE en un erial mal comunicado que ha provocado que este transporte haya sido un «fracaso» en Tarragona, como reconoció esta semana el conseller Santi Vila, y una vía férrea donde no acaban de llegar ni el Corredor delMediterrani ni el tercer carril, el territorio está perdiendo grandes oportunidades. Pero mucho más grave, por el hecho de costar vidas humanas, es lo que sucede con la red de carreteras, impropia de una demarcación con una importante actividad económica y turística. En efecto, muchas de las rutas que atraviesan Tarragona son cuartomundistas, a pesar del enorme tráfico que por ellas circula. El tramo de C-14 entre Alcover y Montblanc es una ratonera donde cada fin de semana se quedan atrapados miles de conductores procedentes de LLeida y Zaragoza. Algo similar pasa en la N-340, un infierno de 142 kilómetros que en cinco años se ha cobrado la vida de 57 personas en 40 accidentes. No es de recibo que esta carretera tan importante y peligrosa no haya sido todavía desdoblada. Resulta indignante que su conversión en la autovía A-7 se haya detenido sin que haya fecha para la continuación de la obra. ¿Cuántas personas más deben morir para que el Ministerio de Fomento entienda la urgencia de esta obra o tome medidas –la gratuidad de la autopista puede ser una de ellas– para reducir la siniestralidad?

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