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Catalunya y la reforma constitucional

Para tener sentido, la reforma debe abordar un nuevo encaje de Catalunya, tanto en la cuestión económica como en la nacional
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La reforma constitucional, para ser eficaz, debe tomar en cuenta las reivindicaciones y los argumentos planteados desde Catalunya. La negociación de nuevos redactados de la Carta Magna que no afronten en profundidad esta cuestión perderá una parte decisiva de su sentido y de su utilidad. Es imprescindible que la reforma aborde un nuevo encaje, asumible por una gran mayoría de catalanes en la cuestión nacional, y justo en materia económica. Las dificultades que plantea este segundo apartado son tanto o más serias que un reconocimiento de Catalunya como nación o un blindaje de sus competencias, porque para corregir los agravios económicos es necesario retocar los tratos de favor que en su día se concedieron a otras autonomías en aras del reequilibrio territorial y los derechos históricos. Pasadas varias décadas, esta discriminación positiva se ha convertido en una rémora financiera de la que determinadas comunidades se han acostumbrado a disfrutar. Privilegios económicos insostenibles en el grado actual, pero a los que nadie va a renunciar con facilidad. Evidentemente, una vez abierto el melón de la reforma constitucional, es necesario proceder también a más cambios para actualizar la Carta Magna, desde el replanteamiento del estado autonómico hasta la modificación de la línea sucesoria de la Corona. Pero el gran reto será, sin lugar a dudas, recuperar a Catalunya para un renovado proyecto de España.

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