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Caza mayor

En España los mayores escándalos se sustituyen por otros de mayor volumen
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El exsocio del funesto Iñaki Urdangarín ha pedido por escrito que comparezcan en el caso Noós 697 testigos. No se para en barras ni en el barro de los terrenos más resbaladizos Diego Torres, que se enfrenta a 16 años y medio de prisión y quiere llevarse a mucha gente por delante. Su propósito es hacer sangre, preferiblemente sangre azul, y ha pedido que acudan Felipe VI, los reyes Juan Carlos y Sofía, la infanta Elena y su exmarido, Jaime de Marichalar. De milagro no ha convocado también al pequeño Nicolás. Sostiene Torres que todos ellos estaban al tanto y al tanto por ciento de las actividades del Instituto Noós y lo justifica con correos electrónicos, cartas y otras comunicaciones, ya que estos egregios señores son muy comunicativos.

La lista de personalidades señaladas es menos extensa que la lista de la lotería, pero se aproxima a la de Jordi Pujol hijo, que deseaba, en sus propias palabras, «una opacidad absoluta». El primogénito de esa otra sonora familia es un buen hijo y admite que ingresó un millón a sus hermanos y a su madre. Otro enredo mayúsculo para el que van a faltar detectives en la misma proporción que sobran chivatos. Escoger a los cómplices requiere una mayor sutileza que elegir a los amigos, que siempre son menos y no suelen formar un barullo ante los jueces. La defensa de Torres no ha cambiado desde que estalló el caso en 2010, lo que pasa es que tiene espoleta retardada y ahora, en plena caza mayor, hay juzgados que esperan incluso la comparecencia de Corinna zu Sayn-Wittgenstein. Las revistas de alta sociedad se confunden con páginas de sucesos.

Por suerte, en España los mayores escándalos se sustituyen rápidamente por otros de volumen más grande. La gente acaba por aburrirse si se le cuenta todos los días algo sabido y quiere ladrones de guante blanco nuevos. No ignora que a los otros es muy difícil echarles el guante, aunque se les ponga la mano encima.

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