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Ciclistas, el punto negro

La reforma del Código de Circulación para proteger al ciclista no ha funcionado. Hay que replantear ese punto de la seguridad vial.

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El balance de los accidentes de tráfico en Catalunya desde el 2010 es positivo, pero arroja un punto negro muy preocupante: el número de ciclistas muertos o heridos de gravedad se ha incrementado en un 31%, cifra realmente considerable, si tenemos en cuenta que el balance global ha significado un descenso del 15,12%. Esta reducción tiene mayor mérito si tenemos en cuenta que las infraestructuras viarias de Catalunya no han experimentado mejora alguna destacable. Los grandes agravios del mapa vial catalán siguen a la espera de soluciones racionales, por lo que el mérito a la reducción de la accidentabilidad hay que atribuirlo primordialmente a la concienciación de los conductores y a la eficacia de las medidas informativas y correctoras. Donde está claro que hay que actuar con urgencia es en el tráfico de bicicletas, sobre todo por las carreteras. Las modificaciones en el Código de Circulación no se han revelado útiles. A las cifras cabe remitirse. No basta con especificar a nivel legal que los ciclistas pueden circular por las carreteras como si de un vehículo lento se tratara y que el resto de automóviles deben respetarlos en la distancia y en los adelantamientos con tal consideración. El incremento de deportistas que sobre todo los fines de semana abundan por nuestras carreteras también incide en la desgraciada estadística. En cualquier caso, hay que repensar el Código y tomar medidas que vayan más allá de la estricta modificación del reglamento.

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