Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Ciudadano Albert

Ciudadanos ya no es un grupo de amiguetes. Es un verdadero peligro para los partidos instalados
Whatsapp

Es muy curioso lo que le ocurre al joven Albert, de Ciutadans o Ciudadanos. Ya casi nadie se acuerda de aquel apolíneo joven que apareció en traje de Adán hace unos ocho años, promocionando a un grupo de amigos que querían otro país distinto del que se estaba sufriendo. Pasada la admiración estética, el hombre se ha abrigado, porque le llueven estacazos desde la derecha y desde la izquierda. Ya no es un grupo de amiguetes; es un verdadero peligro para los partidos instalados en la inercia y ensoberbecidos del poder. Notan que Ciudadanos les está haciendo temblar el sillón que creían, no vitalicio, sino eterno.

Es que, lentamente, con la fuerza que tiene la gota de agua pertinaz, el mensaje claro y constante de Rivera y sus amigos ha ido consolidando un verdadero partido político de renovación y transparencia. Un partido que da sentido a un cambio del país, que es lo que la gente quiere.

Los ciaudadanos quieren una educación gratuita, pública, de calidad, laica, esto es, sin imposiciones ideológicas ni religiosas.

En la educación quieren que haya igualdad de oportunidades y no tasas o frenos a los menos favorecidos, con evolución en la formación del profesorado, dándole un Estatuto Profesional del siglo XXI, para lo que deberán contar con el alumnado.

Consideran que es precisa - ¿y quién no? – una exaltación de los valores cívicos y constitucionales, sin que dejen de vista la posible formación de un Consejo Nacional preconstituyente saobre las diversas reformas que el Texto ya precisa.

La clave del arco: la reforma de los partidos políticos actuales, cuya falta de transparencia y exceso de corrupción, provoca náuseas, sin que se les vea a estos partidos dispuestos a una reforma en profundidad. Aparte de los discursos, palabrería vacía, sin hechos concretos, sin promesas factibles. Porque promesas – incumplidas en su mayor parte -las hemos visto de todos los colores de cuatro años para acá. Partidos abiertos, con publicidad de sus cuentas, con prohibición de donativos por empresas y un límite máximo de las personas físicas de 50,000.-euros.

En la Justicia, otra reforma sustancial, cambiando el actual Ministerio Fiscal por otro más autónomo, debiendo los propios jueces elegir democráticamente sus órganos de gobierno, y, sobre todo, procurar que la independencia de jueces y fiscales sea un hecho comprobable, separando de una vez el poder político del económico.

Es muy curioso que los que han hundido a la clase media y a la trabajadora – el Partido Popular y Convergència – después de liarse a favorecer al poder bancario, y apoyarse en los que no han recibido las decenas de millares de millones de ueros del Banco Central Europeo, digan que ahora está mejorando todo. ¡Claro! Si me das un puñetazo y después me regalas alcohol y vendas, me estás ayudando. Si se hubieran repartido mejor las cargas, limpiando adecuadamente los pozos de corrupción de las entidades finacnieras y de los partidos políticos, quizás no hubiera habido crisis, o no de la dimensión actual.

El IVA debe ser rebajado, dicen los de Ciudadanos en los productos culturales, sin filtros políticos ni ideológicos. Como se debe relanzar una sanidad que ha aguantado como ha podido la crisis, dándole aún más calildad, con una gestión transparente. Y la enseñanza, dicen que será mejor trilingüe en las Comunidades Autónomas que tengan lengua propia, aparte del castellano.

Ciudadanos, lo dice Rivera, es un partido de solidaridad, no de venganza. Ya no es un grupo de amigos, ni una ilusión sin proyecto. Parece un proyecto limpio.

Temas

  • TRIBUNA

Comentarios

Lea También