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Ciudadanos erosiona a Podemos

El futuro de Ciudadanos es más complejo porque compite con PSOE y PP a la vez
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El fenómeno, muy evidente, es incuestionable: desde las elecciones europeas de mayo de 2014, y más intensamente desde principios del año en curso, Ciudadanos asciende vertiginosamente en el terreno de las preferencias electorales, mientras Podemos ha experimentado un lento declive, más acentuado en los últimos tiempos.

El proceso ha sido aproximadamente así: Podemos, surgido directamente de las aspiraciones y de la indignación popular del 15M, consiguió hábilmente cristalizar en provecho propio la desazón de capas muy relevantes de la sociedad de este país, incluida la gran clase media, empobrecida y proletarizada. Lo hizo con un mensaje radical, rompedor, muy sugerente, que fue tácitamente aceptado por la muchedumbre airada.

Aquel mensaje sedimentó por vez primera en las elecciones europeas, en que Podemos conseguía 1.250.000 votos y 5 escaños, lo que daba idea de que estábamos en presencia de un fenómeno irreversible que acababa de arraigar (en aquella ocasión, Ciudadanos sólo logró 500.000 votos y dos escaños, un buen resultado de cualquier modo). Y una vez que la ciudadanía vio roto el tabú del bipartidismo -es decir, una vez que decidió rechazar la teoría castradora del voto útil-, comenzó la ascensión de Podemos, que llegó a convertirse en el primer partido del país en algunas encuestas, en un marco cuatripartito.

Aquella euforia inicial del cambio fue asentándose, en parte a causa de los efluvios lanzados por el final macroeconómico de la crisis, en parte por la digestión natural de las opciones, que tuvieron que ir exponiendo sus programas (o que se negaron llamativamente a la explicitud, en el caso de Podemos). Podemos se había lanzado a la pista con una batería ideológica profundamente radical: apostaba por repudiar la transición, cambiar el régimen y dar comienzo a un período constituyente; por impagar la deuda pública; por prometer un salario social básico universal y un salario máximo; por nacionalizar la banca. Pronto se vieron además las ‘dos almas’ de Podemos, la angélica y radical y la pragmática y pedestre. Y buena parte de quienes habían dado el paso de repudiar a las grandes organizaciones para subirse a Podemos han recapacitado y han ido girando lentamente hacia Ciudadanos, que es un partido reformista, por lo que no cuestiona ni el régimen político, ni la monarquía, ni los fundamentos del sistema, que sin embargo se dispone a depurar y a modernizar a fondo.

En definitiva, Ciudadanos se ha adueñado del ímpetu de Podemos y lo ha orientado hacia parajes mucho más compatibles con la mayoría social de este país, que no es extremosa sino centrista. La defección que ha padecido el partido de Pablo Iglesias no puede extrañar a nadie si se piensa que, según el CIS, la media ideológica de este país está en el 4.7 en una escala del 0 al 10, y Podemos se sitúa en el 2,2.

Durante el último año, el panorama electoral ha sido muy volátil, como han puesto de manifiesto las encuestas, y todavía no puede hablarse con fundamento de estabilización del modelo, que dependerá de varias cuestiones, la principal de ellas el cambio o no del sistema electoral. Si se elimina la ley d’Hondt, podría consolidarse el pluripartidismo; de lo contrario, la tendencia hacia el bipartidismo imperfecto será constante. Y si Podemos está destinado a sustituir a Izquierda Unida de un modo u otro, el futuro de Ciudadanos es más complejo ya que compite a la vez con el PSOE y con el PP. Y esta posición central es muy difícil de mantener, como ya se ha podido comprobar en los fracasos de opciones semejantes (CDS, UPyD.).

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