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Coautores de nuestro destino

Los líderes griegos ya habrán descubierto que hay unas exigencias de lógica jurídica
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Hace ya muchos años que el gran pensador español, Ortega y Gasset, escribió aquella frase de «yo soy yo y mi circunstancia», como resumen de que el ser humano no está solo en el mundo que le rodea y que las circunstancias de tiempo y lugar, así como económicas y sociales, son determinantes para la persona, entendida como individuo.

Ahora, al calor y las presiones ambientales de la negociación del nuevo gobierno griego con las instituciones europeas, al parecer, han descubierto que los griegos serán en adelante «los coautores de su propio destino». Como si no lo hubieran sido hasta la fecha. Y, en plan de nuevo faro de luz y de referencia, han planteado a sus ciudadanos la realidad de ser coautores de sus propias decisiones políticas y sociales. Ya sabemos que los griegos fueron el pueblo que inició la tragedia, la comedia y el teatro, como el lugar adecuado para su representación, ante el público que sufría o disfrutaba en función del trabajo de los actores. En este sentido, a veces, da la sensación de que el nuevo gobierno griego sea amante y partidario de la tragicomedia, que viene a ser representada ante el gran teatro del mundo; y en especial del mundo europeo. A estas alturas de la negociación con las instituciones europeas, los líderes del nuevo gobierno griego, ya habrán descubierto que, más allá de exageraciones nacionalistas o de propaganda ante su opinión pública, hay unas exigencias de lógica jurídica, que están basadas, esencialmente, en que los contratos están firmados para su cumplimiento. Y que los estados, por encima de sus gobiernos temporales, deben cumplir con sus obligaciones; si quieren seguir contando con la confianza suficiente de sus socios y poder seguir negociando nuevos contratos, en relación con el futuro de todas las partes firmantes.

Este juego de tensión entre los acreedores y los deudores, dentro de la propia Europa, es uno de los mayores peligros que tenemos en la actualidad, para nuestro futuro común y en paz. Si los deudores no tienen la plena convicción de que los contratos deben cumplirse y los acreedores no tienen la sensación de que podrán recuperar sus créditos, la economía europea entrará en un período difícil y de incierto futuro, dentro de poco tiempo. Sólo sería necesario que las previsiones de paz, derivadas de las negociaciones esenciales que se realizan en Ucrania, no dieran los frutos necesarios y suficientes para el mantenimiento del dialogo entre las partes; para que dentro del conjunto de la Unión Europea actual, hubieran tentaciones de deshacer el camino andado y volver a la fuerza particular de los Estados, en un tiempo nuevo en el que cada uno pretendería sus particulares intereses, aunque el conjunto pudiera resultar gravemente dañado.

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