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Cojones de acero. Theresa May salva el cuello por ahora

El pozo de la irresponsabilidad no tiene fondo. Tampoco en el Reino Unido. El Brexit ha situado a las instituciones en un callejón del que, en estos momentos, no se adivina una salida que no sea traumática

Josep Martí Blanch

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La líder de los conservadores escoceses, Ruth Davidson, despachó el miércoles su apoyo a la primera ministra británica, Theresa May, refiriéndose a ella como una mujer con «cojones de acero» (cojones off steel, en el original). A Theresa May se la desdeña a menudo pero tiene virtudes. Aguantar y desafiar al mal tiempo es una de ellas.

El intento de una facción de su partido de echarla (ahora ya se sabe que son poco más de un tercio) es un episodio más en el accidentado camino que sigue el Brexit desde que los británicos decidieron en el referéndum de 2016 (51,9 %– 58,1%), que su país debía abandonar las instituciones comunitarias.

Desde entonces el Brexit ha monopolizado la vida política, ha acentuado la división del país, ha reavivado el guerra civilismo de los tories, ha mantenido inoperativo al partido laborista (también dividido, aunque menos, al respecto) y ha situado a las instituciones en un callejón del que, en estos momentos, no se adivina una salida que no sea traumática, bien para los que ganaron el referéndum, bien para los que lo perdieron, bien para ambos. 

A pesar de la espectacularidad que representa una moción de no confianza contra un primer ministro impulsada desde tu propio partido, lo cierto es que pasado el oleaje la situación se mantiene enquistada donde estaba.

May sigue siendo la primera ministra, sigue sin haber en el Parlamento británico los votos necesarios para sacar adelante su acuerdo con Europa para hacer efectivo el Brexit, las instituciones comunitarias siguen negándose a renegociarlo y el reloj sigue corriendo inexorablemente hacia el 29 de marzo de 2018, día en el que la ley británica, con acuerdo o sin él, prevé la salida del Reino Unido de la UE.

Los medios de comunicación británicos (sean de derecha, izquierda o centro) coinciden de modo unánime en dar por finiquitada a May. En la opinión publicada se da por hecho que no está en condiciones de aguantar mucho tiempo y que la estocada final será la imposibilidad de alcanzar los 320 votos que necesita para aprobar su propuesta de acuerdo con la UE.

Es fácil hacer números puesto que, no sólo un tercio de su partido no la apoya, si no que la izquierda dice que votará en bloque contra, lo mismo que los unionistas irlandeses (hasta ahora socios de May), los nacionalistas escoceses o los liberales-demócratas. Cuesta imaginar que no vaya a ser así.  Si no hay sorpresas, May podría convocar elecciones, dimitir, convocar un nuevo referéndum o legislar por la vía rápida para dejar sin efecto el límite del día 29 de marzo (la justicia europea ya ha dicho que el Reino Unido puede hacerlo unilateralmente).

Londres es una ciudad de teatro y la política inglesa es de una escenificación difícil de igualar. Así que, a pesar de todo, no todas las vías están definitivamente cerradas.

May ha prometido, justo antes de la votación de la moción de no confianza, que no se presentará de nuevo a las elecciones. Esto cambia la lógica de la guerra de sucesión en clave partidista y tiene su importancia. A ello, y a las pequeñas aclaraciones que puede hacer Europa sobre el acuerdo ya innegociable en su conjunto, se agarra May para seguir pensando que tiene alguna posibilidad de lograr la luz verde a su acuerdo.

Pero todas estas cábalas requieren ahora mismo de un milagro que es difícil que se produzca. Aunque ya se sabe, en política los giros de última hora son más que habituales.

¿Y si no pasa nada? Si nada se mueve, el Reino Unido se irá -en teoría- sin acuerdo de la UE. Lo cual, dadas las advertencias que día sí, día también, hacen las propias instituciones británicas sobre las terroríficas consecuencias que supondría para el país, sería una gran irresponsabilidad. 

Pero lo cierto es que ya lo ha sido llegar hasta aquí. Y el pozo de la irresponsabilidad acostumbra a no tener fondo.

Josep Martí és ‘calero’, es decir, de l’Ametlla de Mar. Es empresario y periodista. Actualmente en Londres, analiza el Brexit. En breve publicará: ‘Fuck you, Europe!’

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