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Comer nueces, plantar nogales

Si mis ancestros hubieran pensado como vos, yo nunca hubiera comido nueces
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Hace un par de semanas se reunieron en Sevilla algunas de las mentes más ingeniosas del mundo. Tuvo lugar en el Singularity University Summit Spain, promovida por Google y la NASA. Es un encuentro de genios que se dedican a charlar y proponer ideas para el avance de la humanidad desde un punto de vista práctico. Progresar comienza por la identificación y resolución de los problemas, y los cerebros que se reúnen cada año en esta convención tienen muy claro que estos son nueve: lograr una fuente de energía sostenible y barata, conseguir un medio ambiente limpio, elevar la cantidad de alimento disponible para todos, una sanidad mejorada, reducir la pobreza, malgastar menos agua, educación de primer nivel para todos y, finalmente, explorar lo que está fuera de nuestro planeta como primer paso para la colonización de otros mundos dentro de muchas generaciones.

Son todos ellos objetivos difíciles, que requieren una enorme cantidad de esfuerzo, y cuyos resultados, en el mejor de los casos, no serán recogidos por aquellos que están desbrozando el terreno. ¿Y por qué entonces lo hacen? Permítanme que les cuente una historia.

Una vez un rey paseaba a caballo por el bosque y vio a un pobre viejecito que se afanaba en un surco lleno de tierra. Se acercó a él y vio que estaba plantando nogales. Le preguntó porqué lo hacía y el viejecito le respondió: Me encantan las nueces. El rey le dijo: Anciano, no afanes tu encorvada espalda sobre ese hoyo. Un nogal tarda décadas en florecer. ¿Acaso no ves que cuando el nogal crezca tu no vivirás para recoger sus frutos? Y el anciano le respondió: Si mis ancestros hubieran pensado como vos, majestad, yo nunca hubiera probado las nueces. En este mundo hay, por desgracia, muchos más que piensan como el rey de nuestro relato, y muy pocos que piensan como el anciano. Dejar algo detrás de ti es duro, pero casi todos nosotros preferimos comer nueces a plantar nogales. Eso incluye a nuestros gobernantes, que insisten en que la Investigación y Desarrollo e Innovación sale demasiado cara, que hay que recortar en ese terreno porque las cosas vienen mal dadas, y que ya cuando nos sobren nueces plantaremos, si eso, nogales. Cuando le expliqué esto a mi hijo pequeño, me miró muy serio y me dijo: «Pero papi, si uno se come todas las nueces ya no saldrán más nogales. ¿no será mejor pasar un poco de hambre?». Es hasta comprensible que un niño de ocho años tenga más preocupación por el futuro lejano que un señor de 60, supongo que por la parte que le toca. Pero no lo es tanto que el desinterés provenga de una ceguera cortoplacista, interesada e intencional. Como las soluciones no son cómodas ni sencillas, baste este artículo para que usted y yo reflexionemos sobre si somos como el monarca a caballo o como el viejo del azadón.

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