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Cómo seremos, una vez superada la Covid

Casi todo cambiará. El trabajo telemático desde el domicilio se impondrá en algunos sectores
 

Luis Álvarez de Vilallonga

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Luis Álvarez de Vilallonga

Lo primero que se me ocurre es, que cambios sensibles se producirán en la vida cotidiana de las personas en su relación social, en el trabajo, en el ocio, o en los hábitos individuales y de pareja, alterados o paralizados por la cruenta pandemia. Seguramente que todos habremos escuchado el comentario a modo de lamento «es que me han quitado un año de mi vida», yo diría que, hasta dos, sobre todo para los que nos aproximamos a los ochenta de edad, sin embargo, hay a quien este maldito virus se ha llevado todos los años que le quedaban por vivir.

 Puestos a especular, suele ocurrir que lo supuesto, luego no se ajuste a la realidad de los hechos y en esa tesitura estamos. Pondremos más interés en cuidarnos, cuidar de los nuestros, incluso pensar en los demás. Esta pandemia nos ha puesto a prueba y es probable que muchos hayamos aprendido la lección. El estado del bienestar, ya de por si deteriorado se ha venido abajo y nadie espera que pueda recuperarse, pero, hay circunstancias que durante la pandemia nos han hecho reflexionar, amén de obligatoriamente tener que cambiar de hábitos o adquirir aquellos que nunca hubiésemos imaginado. Así preferentemente las mujeres se ocupaban de los cuidados en casa y fuera de ella, pensemos en la infinidad de enfermeras atendiendo a pacientes infectados, por otra parte, hemos visto a bomberos y especialistas voluntarios ofrecer su trabajo y conocimientos durante tres días para poner en servicio un pabellón de Ifema con capacidad para 1.500 enfermos.

La enseñanza probablemente se apoye en un sistema mixto, presencial y telemático

Estos ejemplares comportamientos nos hacen confiar en que el hombre y la mujer de la pos-pandemia priorizará los cuidados de las personas, es decir la salud de todos. ¿Será cierto que encontraremos una sociedad más humanizada?

Una introspección del hombre reconociendo el evidente machismo aun en detalles inconscientes derivados de un patriarcado educativo y su paulatino y definitivo abandono, debería entroncar con la deserción del feminismo a ultranza adoptando un feminismo tendente a la igualdad sin reflejos traumáticos ni pérfidos que nos acerquen al equilibrio de integridad y armonización personal.

No cabe duda que ante la situación financiera del país casi todo cambiará, el trabajo telemático desde el domicilio se impondrá en algunos sectores, el problema de la vivienda alquileres e hipotecas deberá experimentar cambios graduales aunque sustanciales, la enseñanza probablemente se apoye en un sistema mixto (presencial y telemático), el comercio que sobreviva a los hipermercados y grandes superficies deberá reinventarse y el transporte y medios de locomoción soportará sensibles transformaciones especialmente en las grandes urbes.

Finalmente, la experiencia vivida en las residencias, al margen de los alogaritmos sobre el modelo del gobierno, cuando se alcance la denominada «nueva normalidad» requerirá una exquisita dedicación a la creación de centros de mayores con servicio médico, para atender desde el estamento público a las personas jubiladas con pensiones mínimas que no puedan acceder por falta de medios y plazas.

Todos los cambios que se avecinan no son gratis y el endeudamiento del país no soportará lo que debiera y quien debiera afrontarlo, pero como pensar u opinar sí es gratis, aguardaremos con paciencia los acontecimientos en la seguridad de que Hacienda, superado el Covid-19, visitará nuestra cartera sin mediación ni solución.   

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