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Como si fuéramos tontos

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Son los mismos que vendieron como un éxito a adorar el mínimo e incompleto lavado de cara que se va a llevar a cabo (dicen) en la estación de tren; los mismos que se han desentendido del Mercat Central aferrándose a que ellos nunca prometieron invertir en la obra, como si no habiendo promesa, la inversión dejase de estar justificada. Esos mismos ahora han ignorado su obligación –cuando menos moral– de destinar un solo euro a los Juegos de Tarragona 2017.

Vuelven a apoyarse en que ellos nunca prometieron por escrito los 15 millones que Tarragona reclama, como si eso los convirtiera en menos obligatorios; y en que bastante han hecho ya concediendo bonificaciones fiscales, como si nos hubieran hecho un favor y no se tratara de una previsión contemplada por la Ley para eventos de interés general.

Como si fuéramos tontos y no pudiéramos comprobar en la hemeroteca que el Estado aportó a los Juegos de Almería 2005 unos 40 millones directos, empezando por los 21 que costó el estadio. Por no hablar de la contribución indirecta: a Almería, en ese tiempo, le construyeron una nueva estación de tren intermodal en el centro, le remodelaron el aeropuerto, le terminaron la A-92 que conecta con las demás capitales andaluzas, le modernizaron el puerto...

Los Juegos de Tarragona también eran un proyecto de Estado y mirar hacia otro lado, dejar a los tarraconenses con el culo al aire, y tener la poca vergüenza de buscar excusas es cobarde y despreciable. Luego se extrañan de que crezcan los nuevos partidos o el independentismo, cuando desprecios así son buena parte de la causa.

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