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Compasión por los jueces del TSJC

Siento compasión, porque van a tener que juzgar a tres personas íntegras

Josep Muñoz i Gràcia

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El mostrarse sensible y atento al sufrimiento ajeno, y desear que disminuya o se interrumpa. Esta sensibilidad y ese deseo, desde luego, previos a las acciones de ayuda y apoyo frente a los dolores y miserias con las que nos cruzamos regularmente. Eso es compasión.

En principio, puede parecer que la compasión nos aleja de la felicidad o que la interrumpe si estaba presente en nuestras vidas porque es una forma de sufrimiento: sufrimos al ver sufrir a los demás. Es cierto. ¿Pero quién podría imaginar que la felicidad pudiera ser permanente en este mundo? Evidentemente, nadie. La felicidad, por el contrario, está implicada en la compasión: al volvernos más abiertos a lo que nos rodea e incluso permitir que nos demos cuenta de lo que no funciona.

Y también podemos, creo yo, ir más lejos: la felicidad se refuerza a través de la práctica de la compasión; esta nos enseña a ver el mundo tal cual es, y no como quisiéramos. Nos enseña que es posible dirigirse hacia el sufrimiento sin renunciar a ser felices. Es una capacidad innata en los buenos seres humanos que permite sentir las emociones ajenas. La compasión, creo yo, es como un motor que utilizamos para conseguir llegar a la felicidad.

Yo, simplemente, después de haber escuchado las manifestaciones de los tres imputados Mas, Rigau y Ortega, siento compasión por los jueces del TSJC, por el marrón que les ha caído por falta de comunicación y diálogo en el caso 9-N. Se ha llegado a esta situación, simplemente, por poner unas urnas, para que los ciudadanos (del partido que fuesen o creyeren) expresaran su opinión libremente y democráticamen- te, sobre los temas que afectaban a Catalunya.

Siento compasión, porque van que tener que juzgar a tres personas íntegras, y honestas consigo mismas, que hicieron lo que políticamente es más que correcto, dejar que los ciudadanos den su opinión. Con el agravante, continuado, de la pasividad del Gobierno central.

Siento compasión, porque sus conclusiones, sean cuales sean, presuntamente, no serán a gusto de nadie. Pero, (como ciudadano sin ataduras políticas alguna), doy mi voto de confianza (sin urna) a la honestidad, lealtad y el buen hacer y saber de estos jueces. Que su conciencia democrática sea el vehículo que les lleve a dar con una sentencia justa.

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