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Con la mascarilla a la playa

El endurecimiento de la ley significa que estamos lejos de vencer al virus, en parte por la ineficacia en la vacunación

Diari de Tarragona

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Lo que ha sucedido en este país con las mascarillas desde que comenzó la pandemia daría para escribir un libro, pues las autoridades, desde el Gobierno para abajo, han colaborado eficazmente con el virus para que vivamos en un desconcierto permanente. Todo empezó cuando el portavoz oficial opinó que las mascarillas protectoras eran una iniciativa superflua y que no eran necesarias, una idea –todo hay que decirlo– que entonces también propugnaba la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que, sin embargo, fue el preludio de una orden declarándolas de uso obligatorio.

Desde entonces nos movemos con media cara oculta, sin reconocernos unos a otros y con dificultades para entender y hacernos comprender. Nada que objetar. La mascarilla ya es una prenda de primera necesidad y ha demostrado su eficacia, tanto para contener la propagación del virus como para frenar otras enfermedades respiratorias, como la gripe, que este año ha pasado de largo.

En todo caso, el endurecimiento de la ley que obligará a partir de hoy a llevar puesta la mascarilla incluso en la playa o la piscina y a pesar de que se mantenga la distancia de seguridad es un síntoma claro de que aún estamos lejos de vencer a este virus que tanto daño nos ha hecho y nos está haciendo. Se trata de una decisión que otorga más razón, si cabe, a todos esos expertos que advierten que la tímida relajación de las medidas de cara a la Semana Santa es «muy peligrosa» y que insisten en que los hospitales y las UCI aún están llenos de enfermos cuando todos los datos epidemiológicos indican que podríamos estar entrando en una cuarta oleada de la pandemia.

La ciudadanía no puede soportar por mucho más tiempo este vaivén del virus y, por consiguiente, de las restricciones. No podemos vivir en la incertidumbre de no saber qué podremos hacer mañana y qué lugares estarán abiertos o cerrados. Tenemos las vacunas, que se han demostrado eficaces. No se entiende, pues, que con la solución en la mano seamos incapaces de inocular a la población de una forma mucho mas rápida.

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