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Con voto de pobreza

A los políticos hay mucho que exigirles pero sin caer en la tentación populista
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Ada Colau, futura alcaldesa de Barcelona, ha anticipado que ella sólo se reservará 2.200 euros del sueldo y el resto lo donará a instituciones sociales. Está en su derecho y se trata sin duda de un buen propósito personal. Lo que ya no parece tan acertado es la exigencia como condición para pactar que algunos partidos emergentes están planteando para que los cargos públicos se reduzcan sus sueldos a cantidades mínimas, poco menos que simbólicas a veces. Es lo que está ocurriendo en Extremadura, por citar un ejemplo, donde Podemos exige a Fernández Vara, el candidato más votado, que se fije un suelto de 1.900 euros mensuales, probablemente bastante menos de lo que ganará como médico que es, para apoyar su investidura. No se trata de que reciban sueldos desorbitados, como actualmente ocurre en algunos casos, pero semejantes pretensiones, propias del populismo utópico, sonarán bien en los oídos de algunos ciudadanos porque muchos no ganan semejantes cifras y bastantes por desgracia no cobran nada desde que se les agotó el paro.

Pero al margen de esta comparación triste, se trata de una pretensión absurda cuyos efectos inmediatos serían que nadie con un mínimo de preparación y de aptitudes profesionales quiera dedicarse a la política. La política pasaría a ser un trabajo altruista que ni siquiera las ONG dejan de remunerar. Aparte que, lo que ahora es una tentación, la corrupción desde el poder, pasaría a convertirse en una necesidad casi de subsistencia. Los políticos nos convienen, además de bien preparados, honrados, y para que sean honradas mejor empezar por evitar la invitación a corromperse. No se puede dejar que las responsabilidades públicas caigan en manos de personas que vean la política sólo para salir del paro o para satisfacer sus sueños de poder. Para conseguir políticos honrados y competentes, además de imponerles controles del manejo de la gestión, es fundamental que sepan dirigir, coordinar equipos, tomar decisiones, negociar, representar y dedicarse en exclusiva al cargo. Para que puedan ejercer bien esas funciones será nefasto que vivan económicamente en precario.

Hay que evitar, desde luego, que los políticos pretendan enriquecerse, como alguno expresó. Y hay que evitar, con controles, policía, fiscales y jueces, que alguno lo consiga de manera espuria. El espectáculo de políticos detenidos, imputados y encarcelados, que tanto nos avergüenza como sociedad y nos indigna como votantes, no se puede repetir. Pero intentar conseguirlo recurriendo a políticos que sin un salario adecuado a sus responsabilidades tengan dificultades para llegar a fin de mes es demagógico y contraproducente. A los políticos hay mucho qué exigirles pero sin caer en las tentaciones oportunistas del populismo más barato.

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